Hay exparejas que cuando se cruzan cambian de vereda. Y después están Sofi Martínez y Diego Leuco, que hicieron algo bastante más peligroso: se sentaron juntos frente a una cámara, con Sebastián Wainraich haciendo preguntas. Una suerte de terapia de pareja, pero con tanda comercial y Telefe mirando el minuto a minuto.
El reencuentro ocurrió en La Peña de Morfi, donde Sofi reemplazó a Carina Zampini y terminó compartiendo la conducción con Diego. Hubo risas, complicidad, cierta tensión y hasta un “qué linda que estás, Sofi” de Leuco que alcanzó para que las redes empezaran a fabricar una reconciliación antes de terminar el programa.
Pero apareció Wainraich y abrió el placard. En un ping pong sobre aquella relación, Sofi reveló que cuando se separaron silenció inmediatamente a Diego en las redes y que todavía lo mantiene así. Él, por su parte, reconoció que muchas veces escribió mensajes larguísimos que finalmente borró y nunca mandó. Hasta ahí, material para una película romántica. Después apareció la realidad, que siempre tiene menos glamour.
Porque también hubo facturas domésticas. Sofi contó que no soportaba que Diego mascara chicle con la boca abierta, que dormía muchísimo y que en algunas reuniones familiares le costaba integrarse. Leuco terminó reconociendo que varias veces la había dejado “a gamba”. Y apareció una perlita maravillosa: después de la separación recibió unos 40 kilos de yerba destinados a ambos y nunca le avisó. El amor se termina, muchachos, pero aparentemente la Play, las remeras y la yerba entran en la división de bienes.
Sin embargo, debajo del chiste apareció algo bastante más profundo. Cuando hablaron del futuro, Sofi dijo que le gustaría formar una familia y que, pensando en los próximos cuatro años, espera haberla formado o al menos estar mucho más cerca de ese proyecto. Cuando llegó el turno de Diego de imaginarse en ese mismo futuro, su reacción fue completamente diferente. Sofi lo miró y disparó: “Cero, cero… ¡Decilo!”.
Y quizás ahí, sin escándalo, terceros ni portazos televisivos, apareció una de las claves de aquella separación: dos personas que se quisieron pero parecían mirar el reloj de la vida en horarios diferentes. La propia Sofi había hablado meses atrás de un “destiempo” emocional y de haber sentido que no era querida de la manera que necesitaba.
Lo curioso es que el cariño sigue ahí. Diego contó incluso que, cuando ya estaban separados, fue en secreto a verla jugar una final de fútbol. Y cuando le preguntaron qué día borraría de la relación, eligió precisamente el día de la separación.
¿Hay reconciliación? No hay ninguna confirmación. Hay química, recuerdos, cariño y una historia que evidentemente no quedó convertida en cenizas. Pero una cosa es llevarse bien y otra volver a ponerse de novios. Como decía aquella sentencia bien argentina: donde hubo fuego, cenizas quedan. El asunto es que con las cenizas no siempre alcanza para volver a prender el asado.
Para Diucko Digital, lo verdaderamente interesante no es preguntarse si Sofi y Diego vuelven mañana. Es otra cosa: se quisieron, se separaron y pudieron mirarse nuevamente a los ojos para hablar de aquello que salió bien y de aquello que no. En tiempos donde cualquier ruptura termina con indirectas de Instagram, bloqueos y un ejército de panelistas haciendo pericias sobre un like, tampoco es poca cosa.
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