
Juana Viale ocupó el lugar de Mirtha Legrand, habló sobre la salud de su abuela y quedó frente a frente con Andy Kusnetzoff en la competencia dominical. “Como te ven, te tratan”, inmortalizó la Chiqui; en televisión también te miden, te comparan y al lunes te pasan la factura.
Juana apareció con un estilo fresco y buscó tranquilizar al público sobre Mirtha. La ausencia de la conductora transforma inmediatamente cualquier cena en acontecimiento. “La televisión me dio todo”, ha dicho Legrand; también le dio una familia televisiva que continúa la ceremonia.
La competencia con Andy reavivó la liturgia del rating minuto a minuto. Aunque las audiencias se fragmentaron, el numerito conserva poder simbólico. “Rating es rating”, sentencia la industria con esa filosofía breve que no necesita academia.
Los dos ciclos proponen conversación, invitados y confesiones, pero desde climas diferentes. Una mesa elegante contra una charla de living: “sobre gustos no hay nada escrito”, aunque sobre cada décima se escriban veinte portales.
El interés por la salud de Mirtha excede lo televisivo. Es una figura que atravesó generaciones, gobiernos y formatos. “El público se renueva”, repetía ella; lo extraordinario es que también supo renovarse delante de ese público.
Juana cumplió con el reemplazo y la pantalla sostuvo su tradición dominical. En tiempos de streaming y consumo a demanda, dos programas conversando todavía consiguen instalar agenda. La televisión abierta quizá ya no reine sola, pero conserva vajilla, memoria y un lugar reservado en la cabecera.
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