CHARLOTTE, SOL Y YIPIO: TODO O NADA

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CHARLOTTE, SOL Y YIPIO: TODO O NADA

La casa más famosa del país entró en esa etapa donde ya no queda ni una planta para esconderse. Después de casi siete meses de encierro, estrategias, abandonos, expulsiones, repechajes y resurrecciones dignas de una telenovela turca, Gran Hermano: Generación Dorada quedó reducido a tres mujeres: Charlotte Caniggia, Solange “Sol” Abraham y la uruguaya Yisela “Yipio” Pintos. Una de ellas apagará la luz y cerrará la puerta, pero antes deberán atravesar los últimos días de una competencia en la que cada sonrisa cotiza en votos.

Luana Fernández fue la última eliminada y terminó en el cuarto puesto después de obtener apenas el 6,6% de los votos positivos. Se fue tras 199 días de aislamiento, convirtiéndose en la única de las jugadoras que llegó hasta esa instancia sin haber abandonado ni salido previamente de la casa. “Que gane la que el Supremo elija”, dijo antes de cruzar la puerta, con lágrimas, abrazos y “No es mi despedida”, de Gilda, sonando de fondo. Porque en la televisión argentina hasta una eliminación necesita banda sonora y, si aparece Gilda, directamente se transforma en una ceremonia nacional.

El domingo 13 Santiago del Moro ingresará para compartir la tradicional cena con las tres finalistas. Será el momento en que el conductor comenzará a levantarles el telón del aislamiento, les contará algunas cosas del afuera y escuchará sus sensaciones después de tantos meses bajo la lupa. Habrá brindis, emoción y frases sentidas, pero tampoco nos hagamos los distraídos: allí nadie llegó para repartir escarapelas. Como decía Moria, “si querés llorar, llorá”; eso sí, sin olvidarte de mirar a cámara.

El lunes 14 habrá una nueva eliminación. La participante menos votada quedará tercera y las otras dos pasarán al duelo definitivo. El martes se realizará un debate con posibles sorpresas y el miércoles 16 se conocerá a la gran ganadora. Los votos son positivos y se acumulan desde que quedaban cinco competidoras, por lo que cada fandom viene juntando voluntades como puntero de barrio en vísperas de elecciones.

Charlotte Caniggia es, acaso, la revelación más inesperada. Ingresó el 20 de mayo, cuando el juego ya estaba en marcha, y encontró una fórmula tan sencilla como efectiva: mantenerse lejos de las grandes peleas, aportar humor y dejar correr esa personalidad extravagante que la televisión conoce desde hace años. Hija de Claudio Paul Caniggia y Mariana Nannis, entró con el peso de un apellido enorme, pero construyó su camino con una calma que pocos imaginaban. En una casa donde todos gritaban para ser vistos, Charlotte descubrió que a veces alcanza con levantar una ceja.

Sol Abraham representa el extremo contrario. Polémica, frontal y dueña de un fandom que pelea cada voto como si fuera la última milanesa de la fuente, tuvo una trayectoria verdaderamente insólita. Participó de un intercambio, fue expulsada por sus constantes quejas, se negó inicialmente al repechaje y finalmente regresó mediante un golden ticket. Entró, salió, volvió y terminó instalada entre las tres últimas. Si esto fuera fútbol, estaríamos hablando de una jugadora que fue expulsada, volvió por el VAR y ahora puede levantar la copa.

Yipio Pintos también protagonizó su propia vuelta de película. La uruguaya abandonó el programa cuando recibió noticias sobre la salud de su madre y, una vez superado aquel problema familiar, regresó gracias al repechaje. Entre sus dos etapas suma alrededor de 185 días de competencia y ya consiguió una vivienda durante el juego. Su rivalidad con Sol se convirtió en uno de los motores del tramo final, mientras su cercanía con Charlotte dibujó una alianza que ahora deberá rendir examen frente al público.

Esta edición dejará además un dato histórico: Gran Hermano volverá a tener una ganadora mujer después de diecinueve años. La última fue Marianela Mirra en 2007, recordada por aquella fulminante jugada contra Diego Leonardi que todavía se estudia en la facultad invisible de los realities. Antes había ganado Viviana Colmenero en la edición 2002-2003. Desde entonces, el premio mayor quedó siempre en manos masculinas. Esta vez no hay misterio: la corona será de una mujer.

La vencedora se llevará 70 millones de pesos, los intereses generados por el dinero depositado en una billetera virtual, una vivienda, una moto y cerveza gratis durante un año. Pero el verdadero premio empezará cuando se abra la puerta: contratos, presencias, streaming, redes sociales y esa picadora de carne llamada fama, que hoy te pide una selfie y mañana pregunta “¿esta quién era?”. Porque ganar Gran Hermano es una alegría; sobrevivir al afuera, como decía el Bambino Veira, es otra base.

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