MILEI DICE QUE NO HAY RECESIÓN: DIVINO EL DIAGNÓSTICO, ¿Y LA ACTIVIDAD?

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MILEI DICE QUE NO HAY RECESIÓN: DIVINO EL DIAGNÓSTICO, ¿Y LA ACTIVIDAD?

El Presidente sostiene que la economía está cambiando de estructura y pierde velocidad. Los datos de julio muestran una caída concreta, con comercio e industria entre los sectores golpeados. Entre la explicación oficial y la discusión técnica, queda una pregunta bastante menos sofisticada: cuándo se va a sentir la mejora.

Hay expresiones que llegan impecables a una entrevista de televisión. “Desaceleración del ritmo de expansión” tiene ese aire de informe ejecutivo que permite hablar de una mala noticia sin despeinarse. Javier Milei eligió esa definición para defender la marcha de la economía. El detalle, bastante poco chic, es que la actividad de julio cayó.

En una entrevista con LN+ el domingo 27 de septiembre, el Presidente rechazó que la Argentina se encamine a una recesión. Su explicación: las reformas están modificando la estructura productiva y las mediciones habituales pueden reflejar mal esa transformación. Planteó que algunos sectores avanzan mientras otros pierden terreno. Una lectura que hoy está en el centro de la discusión económica.

La tesis merece ser examinada. También merece números sobre la mesa. Porque entre defender un rumbo y demostrar que está funcionando hay un trecho; y ese trecho no se pavimenta con adjetivos.

Los números llegaron sin invitación

El Estimador Mensual de Actividad Económica —el EMAE, para los íntimos— registró en julio una caída del 2,9% respecto de junio, en la serie desestacionalizada, y del 1,4% frente a julio de 2025, según los datos del INDEC recogidos por las coberturas consultadas.

Son comparaciones diferentes: una mira el mes anterior, descontando efectos estacionales; la otra, el mismo mes del año pasado. En ambas, julio dio negativo. Llamarlo simplemente crecimiento más lento deja afuera una parte importante de la foto: hubo un retroceso medido.

El golpe tampoco se repartió de manera uniforme. El comercio cayó 5,1% interanual y la industria manufacturera, 4,6%. Ocho de los quince sectores relevados registraron bajas. Del otro lado, la minería creció 8,4% y el agro, 0,7%. La heterogeneidad que describe el Gobierno existe; la cuestión es cuánto compensan los sectores que suben a los que bajan.

Traducido del salón a la vereda: que a una actividad le vaya fenómeno no alcanza para concluir que todos están tirando manteca al techo.

La palabra incómoda

Ahora bien, tampoco corresponde sacar el cartel de recesión técnica de la galera. La regla habitual exige dos trimestres consecutivos de caída del PBI desestacionalizado. El segundo trimestre retrocedió 0,6% respecto del primero; julio abre una señal de alerta sobre el tercero, cuyo resultado completo todavía falta conocer.

Hay razones para preocuparse. También hay información pendiente. Las dos cosas pueden convivir, aunque resulten menos rendidoras para una tribuna.

Milei prefiere mirar el componente tendencia-ciclo, que suaviza las oscilaciones de corto plazo y que en julio avanzó 0,2%. Es otro dato del mismo panorama, no una goma de borrar para el descenso mensual. Su cuestionamiento a la precisión de la serie desestacionalizada es una posición del Presidente; no debe confundirse con una rectificación del INDEC.

La discusión técnica importa. Elegir siempre el indicador que combina con el discurso, en cambio, sería hacerle estilismo a la estadística.

Cambiar de vidriera no responde todo 

El Presidente también defendió el nivel de consumo y argumentó que están cambiando las formas de comprar: mencionó el comercio electrónico y las compras en el exterior como parte de esa transformación.

Es una explicación que plantea una pregunta válida: cuánto de lo que pierde un canal comercial se traslada a otro. Para responderla hacen falta mediciones comparables. Una plataforma que crece no demuestra, por sí sola, que todos los hogares consuman más; un comercio que vende menos tampoco describe por sí solo a toda la economía.

Ahí la política tiene una tarea bastante más exigente que ganar una discusión televisiva: explicar quiénes se benefician con el cambio, quiénes afrontan sus costos y qué oportunidades tienen quienes quedan rezagados.

Porque “reasignación de recursos” suena muy distinguido hasta que toca explicar cómo se consigue el próximo laburo.

El Gobierno apuesta a que la transformación termine respaldando su diagnóstico. Los próximos datos permitirán evaluar esa apuesta. Mientras tanto, el retroceso de julio necesita una explicación que se pueda contrastar, además de una defensa enfática.

La macro puede ir de etiqueta. Pero, tarde o temprano, tiene que pagar la cuenta en el mostrador.

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