“NINGÚN HATER TE VA A SACAR LA MEDALLA”: ROLO SARTORIO, A CORAZÓN ABIERTO

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“NINGÚN HATER TE VA A SACAR LA MEDALLA”: ROLO SARTORIO, A CORAZÓN ABIERTO

El líder de La Beriso Rolo Sartorio cayó en La Noche Recién Comienza, el ciclo conducido por Leo Rossi, y terminó entregando una charla larga, relajada, de esas que arrancan como entrevista y en algún momento se convierten en sobremesa. Sin cassette, sin demasiada pose y con esa manera tan de barrio de hablar de cosas enormes como si estuviera apoyado contra el capot de un auto.

Desde el comienzo quedó claro que Rolo no había ido por compromiso. De hecho, lo dijo sin vueltas: no suele dar notas y aceptó porque había algo especial detrás de la invitación. Confesó que prefiere su casa, su tranquilidad y mantenerse bastante al margen del ruido mediático. “Hoy das notas y lo único que generás es que te bardeen”, resumió. Al principio, reconoció, las críticas le dolían. Hoy ya juega otro partido. Y ahí dejó una de las frases más fuertes de toda la noche: “Ningún hater te va a sacar eso”. ¿Eso qué? River, estadios llenos, Ferro, los Rolling Stones, la gente que los eligió. En criollo: la gilada podrá ladrar, pero los kilómetros ya están hechos.

Rolo habló también de esa discusión que persigue a La Beriso desde hace años: si es rock, si no es rock, si es demasiado popular, si le falta tal cosa o le sobra otra. Una discusión bastante argentina, porque acá somos capaces de convertir hasta un acorde en Boca-River. Sartorio fue al hueso: para él se terminó confundiendo el rock and roll con el rock como universo. Nombró a Calamaro, Fito, Conociendo Rusia y dejó en claro que no entiende esa necesidad de andar repartiendo carnets de autenticidad. Más claro, echale agua. El rock argentino siempre fue una avenida ancha. El problema aparece cuando alguno quiere cobrar peaje.

La charla se puso todavía más sabrosa cuando apareció el recuerdo de los Rolling Stones. La Beriso había tocado junto a ellos en 2016 y Rolo sorprendió contando que, en realidad, él no tenía demasiadas ganas de ser soporte. Lo que quería era conocerlos. Quería volver a ser fan. Estar abajo. Mirar. Abrazarlos. Recordó a Charlie Watts llegando primero, a Mick Jagger y Ronnie Wood entrando con una energía de veinteañeros y a Keith Richards apareciendo último, con esa presencia que parece venir con humo propio. Rolo contó incluso que Jagger le dijo algo durante el abrazo, pero como él no entiende inglés jamás supo qué demonios había dicho. La escena es fantástica: uno de los tipos más famosos del planeta susurrándote algo histórico y vos quedándote con la intriga para toda la vida. Perfectamente argentino.

Pero si hubo un momento en que Sartorio mostró de qué material está hecho fue cuando habló de los músicos que elige para tocar con él. Contó que en 2018, cuando tuvo que reemplazar a un guitarrista, le ofrecieron nombres consagrados y eligió a alguien que trabajaba dentro del staff de La Beriso, porque tocaba bien, necesitaba laburar y, según él, “se lo merecía”. Después explicó algo todavía más personal: “Soy un tipo que todos los días hago algo por alguien”. No lo dijo como slogan de campaña solidaria ni con violines atrás. Lo dijo casi como una obligación moral. Se definió agradecido y sostuvo que siente que tiene que devolver todo lo que recibió. En tiempos donde algunos cuentan hasta el vuelto del café, no es poca cosa.

Ese Rolo más íntimo también apareció cuando habló de su carrera solista. Ahí parece sacarse el uniforme de La Beriso y ponerse ropa más cómoda. Explicó que su proyecto personal es mucho más cancionero, tranquilo y libre. Si quiere hacer diez temas lentos, los hace. Si aparece una cumbia, también. Si quiere meter rock, mete rock. “No me importa absolutamente nada”, dijo, en el mejor sentido posible: sin obedecer a una etiqueta. Para Sartorio, la diferencia es clara. La Beriso tiene otro cuerpo, otra energía, otra demanda sonora. En solitario busca canciones donde la gente pueda escuchar, cantar, incluso sentarse con un whisky o una coca. Una suerte de Rolo sin corbata, aunque jamás haya usado corbata.

Y hablando de composición, tiró otra perlita. Contó que muchas canciones que no entran en La Beriso directamente empiezan a encontrar lugar en su proyecto solista. También explicó cómo cambia su cabeza cuando escribe para la banda: “Hay que chamullar en la letra rockera”, largó entre risas, reconociendo que muchas veces el rock también construye personajes, exagera, inventa, habla de minas, autos y cierta mitología clásica del género. Fue uno de esos momentos donde el músico desarma su propio oficio sin ponerse solemne. Porque tampoco hace falta hablar como Borges para explicar una canción. A veces con un “hay que chamullar” alcanza y sobra.

Uno de los momentos más emotivos llegó con “Madrugada”. Leo Rossi confesó que es una de sus canciones favoritas del rock actual y Rolo explicó algo que pinta de cuerpo entero la relación entre compositor y público: una vez terminada, la canción deja de pertenecerle exclusivamente al que la escribió. Recordó que un chico en un hospital le agradeció una canción porque lo había ayudado a salir de las drogas. El detalle inesperado era que Rolo la había escrito como una canción de amor. Su reacción fue simple: si a vos te sirvió, entonces ya es tu historia. Ahí no hay marketing ni frase armada. Hay una idea hermosa: la música empieza en uno, pero termina donde puede.

También contó que durante años componía realmente de madrugada. Cuando sus hijos eran chicos esperaba que se durmieran para recién entonces quedarse en silencio, agarrar la guitarra y escribir a las tres o cuatro de la mañana. Hoy sus horarios cambiaron bastante. Incluso provocó risas confesando que cerca de las diez y media de la noche ya empieza a sentir que el día se terminó y suele estar mirando alguna serie con su mujer. El rockero que llenó estadios y tocó con los Stones resulta que también se queda dormido viendo Netflix y al día siguiente pide resumen del capítulo. Bienvenido al club de los mortales.

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La política también entró a la mesa, inevitablemente, porque en la Argentina hasta una charla sobre Netflix termina encontrándose con Perón en algún cruce. Le preguntaron si era macrista, peronista, kirchnerista o libertario y Rolo eligió patear el tablero. Recordó que La Beriso tocaba una canción llamada “Argentina” donde aparecían distintos presidentes y aseguró que su postura siempre fue “estar en contra de todos” para exigirles que hagan las cosas bien y no quedar casado con nadie. Se quejó además de la lógica actual donde una opinión favorable sobre Milei automáticamente te convierte en “ensobrado de Milei” y defender a Chiqui Tapia puede convertirte, cinco minutos después, en “ensobrado kirchnerista”. “Pónganse de acuerdo”, ironizó. Una definición bastante precisa de este hermoso conventillo nacional.

Y cuando el tema fueron quienes atacan a La Beriso desde otros proyectos musicales, Rolo directamente sacó chapa. Sin nombrarlos, aseguró que hablar mal de la banda genera repercusión y comparó la situación con alguien de quinta división queriendo discutir con un campeón del mundo. Recordó además que La Beriso fue una de las pocas bandas argentinas que llegó a River y remató diciendo que ellos ya tienen “la medalla” y que los demás pueden divertirse. Incluso contó que un hater que le había escrito de manera violenta terminó pidiéndole disculpas y, detalle maravilloso, solicitándole una entrada para ver a La Beriso. Argentina, país donde hasta el enemigo quiere entrar gratis al recital.

Entre canciones en vivo, mensajes del público, humor, anécdotas y la complicidad permanente de Leo Rossi y la mesa, la noche fue dejando ver un Rolo bastante distinto del personaje que uno imagina desde el escenario. Más casero, más tímido, muchísimo más gracioso de lo que muestra habitualmente y dueño, según confesó, de un humor tan ácido que muchas de sus mejores ocurrencias tienen que quedarse en los asados porque si las hiciera públicas “lo censuran en tres minutos”. Algún productor ya fantaseó ahí mismo con mandarlo al stand up. Material, evidentemente, no le falta.

Antes de terminar, quedó también la agenda: Sartorio habló de nuevas canciones en proceso, grabaciones recientes, presentaciones de su proyecto solista, una fecha en Montevideo y el regreso de La Beriso a Ferro. En el programa incluso confirmó que estaban trabajando en material nuevo y dejó en claro que la banda sigue con el motor encendido mientras él disfruta paralelamente de esa libertad diferente que encontró como solista.

Quizás ahí haya estado el verdadero valor de la entrevista. No apareció solamente Rolo Sartorio, cantante de La Beriso. Apareció Rolando, el tipo que se acuesta temprano, mira series, se emociona con sus canciones, todavía recuerda lo que sintió abrazando a Jagger, se ríe de los que lo putean, busca darle oportunidades a músicos que recién empiezan y sigue entrando al estudio con la ansiedad de un pibe que termina una canción y necesita mostrársela a todos esa misma noche.

Como decía el viejo dicho del barrio, podés cambiar de auto, de casa y hasta de escenario, pero el barrio viaja con vos.

Rolo llegó a River.

Conoció a los Stones.

Llenó estadios.

Y, por lo que dejó ver en La Noche Recién Comienza, todavía conserva algo bastante más difícil de conseguir que una entrada agotada: no olvidarse demasiado de quién era antes de que empezaran los aplausos.

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