La visita de Gregorio Pernía a la Argentina venía con agenda cargada, cámaras encendidas y varios medios esperando su turno. Pero el actor colombiano, el inolvidable Titi de Sin senos no hay paraíso, terminó protagonizando una polémica inesperada: había comprometido su presencia en Censurados, el streaming conducido por Stephy Ayala, pero nunca llegó. Y cuando quedó claro que la silla seguiría vacía, la conductora no se guardó demasiado.
La noche había sido preparada alrededor de una visita fuerte. Producción movilizada, invitados, técnicos, sponsors, atención especial y toda esa cocina que el público normalmente no ve pero que cuesta tiempo, trabajo y plata. Durante buena parte de la emisión todavía existía esperanza: desde el programa explicaron que Pernía estaba en Canal 7 y que harían lo posible para que llegara.
Pero el reloj siguió caminando y Gregorio no apareció.
Desde Censurados se informó posteriormente que el actor había pedido disculpas y manifestado que se sentía mal. Esa fue la explicación recibida por el programa y, naturalmente, corresponde respetarla como su versión de lo sucedido. El problema fue que la jornada ya venía torcida: Ayala aseguró al aire que Pernía había dejado esperando también a otros medios argentinos.
Y ahí Stephy sacó las uñas.
La conductora contó que Televisión 33 había organizado una actividad en la que más de 150 personas esperaban al actor y que Pernía finalmente no se presentó. También se solidarizó con Locos de Atar y mencionó otras transmisiones que, según explicó, habían sido canceladas durante el día.
“Pernía, media pila”, fue prácticamente el espíritu de un descargo que tuvo temperatura pero también una salida elegante. Porque Stephy no cerró la puerta: lo invitó a compensar el faltazo presentándose el viernes en Censurados TV y enfrentar allí a la gente que lo había esperado.
Hasta ahí la polémica. Pero hubo algo bastante más interesante.
Censurados no se cayó porque Pernía no llegara.
Y ahí apareció el oficio de Ayala. En lugar de convertir dos horas de televisión en una guardia permanente frente a la puerta, siguió conduciendo y haciendo circular el programa. Pasaron invitados, música, humor, emprendedores y una mesa que tuvo bastante más movimiento que ciertos programas con presupuestos capaces de financiar un municipio chico.
Daisy habló de sus diseños exclusivos; Selva hizo su debut como panelista; Milton aportó su impronta cordobesa y Silvina, empresaria de San Luis, recordó aquella promoción que la volvió viral ofreciendo alojamiento gratuito durante los partidos de la Selección.
También hubo música. La venezolana Francis mostró su sensibilidad artística con Desarraigo, una canción atravesada por la experiencia de vivir lejos de su tierra. Después apareció Vanina Coria, que mezcló carrera, anécdotas y música con esa desfachatez que le calza perfecto al espíritu del ciclo.
Y llegó Máximo, todavía con las repercusiones de Downtown, para contar cómo estaba viviendo el movimiento generado después de su presentación. Entre risas hasta hubo tiempo para hablar de la química que mostró junto a Stephy en el videoclip.
Mientras tanto, la producción siguió trabajando. Maquillaje, fotografía, sonido, técnicos y equipo fueron apareciendo durante la transmisión, dejando en evidencia que detrás de esa mesa hay bastante más gente de la que entra en plano.
Y justamente por eso el enojo de Ayala se entiende.
Una figura internacional puede tener un imprevisto. Puede sentirse mal. Puede modificarse una agenda. Eso forma parte del espectáculo. Pero cuando existe un compromiso previo también hay productores reorganizando horarios, marcas poniendo recursos, trabajadores preparando una emisión y público esperando.
La televisión cambió. Ahora hay celulares, streaming, redes y cámaras que caben en un bolsillo. Lo que todavía no inventaron es una aplicación que reemplace la palabra empeñada.
Gregorio Pernía tendrá seguramente su oportunidad para explicar qué ocurrió durante una jornada complicada. Censurados, mientras tanto, hizo algo bastante sencillo y bastante difícil: siguió adelante.
Y Stephy Ayala terminó convirtiendo un faltazo en contenido.
En televisión eso tiene un nombre: resolver.
Y resolver en vivo, cuando el invitado principal nunca cruza la puerta, vale bastante más que cualquier silla VIP.
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