
Un relevamiento indicó que más del 76% de los hogares argentinos con dificultades financieras contrajo deudas para comprar alimentos o pagar gastos de vivienda.
Ya no se pide crédito solamente para cambiar el auto o darse un gusto. La tarjeta, las aplicaciones financieras y los préstamos familiares comenzaron a utilizarse para llenar la alacena o mantener el techo.
La morosidad avanza mientras los ingresos corren detrás de las cuentas. El problema no es únicamente cuánto debe una familia, sino qué tuvo que comprar para endeudarse.
Cuando la gente financia los fideos en cuotas, no hay gráfico macroeconómico que alcance. Como decía Minguito, “hay que levantar el país”, pero primero alguien tendrá que levantar la cuenta del almacén.
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