PERETTA: “BUENOS AIRES NECESITA LO ESENCIAL”

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PERETTA: “BUENOS AIRES NECESITA LO ESENCIAL”

Marcelo Peretta volvió a sentarse a la mesa de Gastos, Lujos y Polenta, el ciclo de Diucko TV Digital conducido por Cristian Iuale y Myriam “Walky” Verdú, y llegó con algo bastante más incómodo que un cassette de campaña preparado de memoria: ideas concretas, críticas y ganas de discutir la Ciudad calle por calle. El tránsito porteño lo demoró, casi una metáfora involuntaria del tema que enseguida dominaría la conversación, pero una vez instalado en el estudio fue directo al hueso. Para Peretta, Buenos Aires está dedicando demasiada energía a cuestiones accesorias mientras posterga necesidades básicas. “La veo necesitada de muchas cosas, pero esenciales”, planteó, y puso como ejemplos centrales la vivienda y el transporte público. Según explicó, una enorme cantidad de policías, trabajadores de la salud, docentes y empleados que todos los días cumplen tareas en Capital viven en territorio bonaerense y atraviesan diariamente la General Paz. Su propuesta apunta a desarrollar viviendas accesibles, principalmente en el sur porteño, aprovechando terrenos disponibles y la capacidad de las constructoras para generar una oferta destinada a trabajadores.

 

El segundo gran eje fue el subte, una palabra que en Buenos Aires suena casi tan antigua como “ficha telefónica” cuando se recuerda todo lo que se prometió y lo poco que avanzó la red. Peretta cuestionó que se sigan destinando esfuerzos a soluciones de superficie cuando, a su entender, la Ciudad necesita ir decididamente bajo tierra. Celebró los proyectos de nuevas líneas pero reclamó obras reales y no solamente anuncios, y sostuvo que deberían ampliarse trazas existentes como la B y la D, llevando esta última más allá de Congreso de Tucumán hacia el Parque de la Innovación, donde prevé que la concentración de estudiantes y trabajadores terminará exigiendo una respuesta de transporte mucho mayor. Comparó la red porteña con las de Madrid, Londres, Roma y Santiago de Chile y dejó flotando una pregunta bastante incómoda: ¿cómo puede una metrópolis que se precia de moderna seguir discutiendo en 2026 cuánto subte algún día podría construir?

 

De ahí la charla pasó naturalmente al bolsillo, porque en Buenos Aires uno puede proyectar una torre divina con amenities, SUM y nombre francés, pero después hay que encontrar quién pueda pagarla. Peretta sostuvo que los salarios volvieron a quedar rezagados frente a la inflación en numerosos sectores y reivindicó la negociación conseguida por el gremio farmacéutico y bioquímico, al que ubicó entre los que mejor resultado habían logrado en paritarias. Pero su señal política fue más amplia: reclamó al ministro Luis Caputo un giro desde lo que definió como una “economía financiera” hacia una “economía real”, basada en trabajo y producción. En materia de alquileres buscó colocarse entre los dos extremos: defendió la necesidad del inquilino de acceder a un precio pagable con su salario, pero también pidió seguridad contractual para el pequeño propietario que quizá compró o heredó uno o dos departamentos y utiliza esa renta como complemento económico. “Tenemos que entender ambas partes”, sintetizó desde su experiencia negociadora, una frase poco espectacular para TikTok pero bastante sensata para un país acostumbrado a resolver cada discusión como si fuera Boca-River.

 

El sur de la Ciudad ocupó buena parte de la entrevista y allí Peretta endureció el discurso. Insistió en que La Boca, Soldati y Lugano deberían recibir inversión, vivienda, pavimento, seguridad y estímulos capaces de cambiar el valor y la dinámica de esas zonas, en lugar de concentrar permanentemente las inversiones inmobiliarias en el corredor norte. Para explicar su idea recurrió a Nueva York y la transformación de Brooklyn, un territorio que décadas atrás cargaba con niveles de deterioro y violencia y que luego atravesó un profundo proceso de reconversión. Pero el candidato llevó el argumento a una experiencia personal mucho más áspera: contó que durante una recorrida de campaña en Lugano, realizada junto a vecinos del barrio, fueron atacados a tiros y un joven resultó herido, situación que terminó con una denuncia policial. A partir de aquel episodio afirmó que precisamente por situaciones semejantes decidió postularse y discutir la administración porteña, aunque se cuidó de caer en la módica tradición argentina de decir que absolutamente todo lo anterior fue un desastre: reconoció obras de las gestiones del PRO, incluyendo el Paseo del Bajo, pero remarcó que valorar lo realizado no obliga a mirar para otro lado frente a lo pendiente.

 

El capítulo más áspero llegó con los asentamientos, el narcotráfico y La Carbonilla. Peretta aseguró que Buenos Aires mantiene alrededor de medio centenar de asentamientos y cuestionó que la política haya evitado durante años enfrentar un problema que combina precariedad habitacional, inseguridad y presencia de bandas vinculadas con las drogas. Recordó que había advertido públicamente sobre la situación de La Carbonilla, en La Paternal, donde según relató existían puntos vinculados con la elaboración y comercialización de droga, y destacó que posteriormente se realizó un importante operativo en la zona. Su propuesta pasa por urbanizar, ordenar, construir vivienda y recuperar esos espacios, aun sabiendo que semejante tarea carece del glamour de cortar una cinta en Palermo. “Donde es un dolor de cabeza” muchas veces los funcionarios no se meten, sostuvo en uno de los tramos más punzantes de la conversación. También defendió que las personas extranjeras reciban atención sanitaria ante una emergencia pero consideró razonable que, cuando corresponda, exista posteriormente un mecanismo para cobrar ese servicio, una posición que vinculó con la necesidad de administrar recursos públicos sin abandonar la asistencia médica inmediata.

Y cuando la mesa ya había atravesado vivienda, subtes, villas, salarios y seguridad, apareció inevitablemente la política nacional. Peretta analizó el escenario electoral que viene, habló del deterioro que percibe en una parte del apoyo a Javier Milei y consideró especialmente significativo el comportamiento del electorado joven, que había constituido uno de los núcleos más sólidos del Presidente. También se discutieron posibles movimientos de Patricia Bullrich, Victoria Villarruel, el peronismo y otros nombres que empiezan a circular mirando las próximas competencias electorales. Peretta advirtió además sobre el peso del denominado “círculo rojo” y de sectores empresarios a la hora de impulsar nuevas alternativas políticas, y sostuvo que el Gobierno debería interpretar determinadas señales como una “luz amarilla” antes de que las dificultades económicas se traduzcan definitivamente en pérdida de respaldo. La visita terminó con promesa de regreso, incluso para profundizar medicamentos, farmacias y otros temas sanitarios. En Gastos, Lujos y Polenta, Peretta dejó algo bastante más interesante que una colección de frases para zócalo: una radiografía de la Buenos Aires que él quiere discutir, esa que puede tomarse un flat white en Recoleta pero sabe perfectamente que, unas estaciones más allá, hay una ciudad donde el problema no es elegir leche de almendras sino conseguir vivienda, seguridad y un subte que llegue.

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