
La espera terminó y la Fórmula 1 volvió a hablar en argentino: Franco Colapinto continuará como piloto titular de Alpine durante la temporada 2027. La escudería francesa confirmó que el pilarense seguirá compartiendo equipo con Pierre Gasly, quien tiene contrato hasta fines de 2028. Se acabaron las versiones, los rumores de paddock y los ingenieros de Twitter: hay firma, butaca y bandera celeste y blanca para rato.
Alpine anunció la renovación con un video cargado de humor. Flavio Briatore y los dos pilotos aparecen reunidos cuando el director Steve Nielsen ingresa con un cuadro que retrata al trío. Colapinto mira la pintura, advierte que su figura quedó prácticamente escondida y lanza un argentinísimo: “¿Y yo?”. Finalmente, el equipo despeja el misterio con una frase concreta: “Continuamos el viaje. Franco Colapinto completa nuestra alineación para 2027”. Más que comunicado corporativo, una escena digna de oficina: te esconden hasta en el retrato, pero después te renuevan el contrato.
La continuidad no cayó del cielo ni apareció dentro de una caja de cereales. Franco lleva sumados 19 puntos en doce Grandes Premios de 2026 y terminó dentro de la zona de puntuación en seis carreras. Fue décimo en China, séptimo en Miami y alcanzó su mejor resultado en la categoría con el sexto puesto de Montreal. Su crecimiento, la regularidad y el trabajo junto a Gasly ayudaron a Alpine a ubicarse sexta en el Campeonato de Constructores. En la Fórmula 1 podrán vender glamour, hospitalities y relojes carísimos, pero al final del día la pista sigue siendo la única escribana que certifica el talento.
Flavio Briatore fue terminante al explicar la decisión: “Este año vimos a Franco crecer y madurar hasta convertirse en un gran piloto”. El italiano destacó su velocidad, su inteligencia para correr y la relación construida con el equipo de Enstone. Luego soltó la frase que todo el automovilismo argentino quería escuchar: “Franco pertenece a la Fórmula 1 y a este equipo”. Palabras mayores viniendo de Briatore, un hombre que no suele repartir caramelos en la puerta del colegio.
La historia de Colapinto con Alpine comenzó en 2025, cuando llegó como piloto de reserva y reemplazó a Jack Doohan desde el Gran Premio de Emilia-Romaña. La escudería volvió a confiar en él para 2026 y ahora le garantiza una segunda temporada completa como titular. Será el primer argentino en encadenar dos campeonatos completos de Fórmula 1 desde Carlos Alberto Reutemann en 1980 y 1981. Cuarenta y seis años después, el automovilismo nacional vuelve a tener continuidad en la máxima categoría y no apenas una visita con pulsera prestada.
Franco celebró con su estilo habitual, sin pose de lord inglés ni cassette de relaciones públicas: “Muy feliz de contarles que voy a seguir corriendo con Alpine en 2027. Gracias a todos los que bancan desde el primer día. Esto recién empieza… todavía queda Argentina para rato”. Y fue todavía más ambicioso al hablar del proyecto: “Nuestros objetivos son competir y ganar”. El chico no renovó para pasear por Mónaco ni sacarse fotos con famosos; quiere llevar a Alpine hacia arriba y pelear adelante. Como decía el Bambino Veira, “la base está”: ahora falta que desde Enstone le entreguen un auto a la altura de semejante ilusión.
Aníbal Colapinto, su padre, resumió la emoción con una frase de boxes y corazón abierto: “Me explota el pecho de felicidad”. También aclaró que Franco nunca se distrajo con las negociaciones y dejó ese trabajo en manos de sus representantes: mientras otros discutían cláusulas, él se dedicaba a manejar. Una división de tareas tan sensata como argentina: cada cual atiende su kiosco y el piloto pisa el acelerador.
La renovación premia una temporada de crecimiento, pero también eleva la vara. En 2027 ya no alcanzará con demostrar que merece estar: Colapinto deberá consolidarse, sumar con regularidad y aprovechar cada oportunidad. Él tiene velocidad, carisma y una tribuna argentina que convierte cualquier circuito en una sucursal de la General Paz. Ahora Alpine deberá ponerle un coche competitivo. Porque piloto hay, entusiasmo sobra y la ilusión ya arrancó: Argentina vuelve a tener futuro en la Fórmula 1, con olor a nafta, mate en boxes y el corazón viajando a más de 300 kilómetros por hora.
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