AEROPARQUE BAJÓ LA PERSIANA: 55 HORAS SIN VUELOS Y 900 OPERACIONES AFECTADAS

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AEROPARQUE BAJÓ LA PERSIANA: 55 HORAS SIN VUELOS Y 900 OPERACIONES AFECTADAS

El aeropuerto porteño permanecerá cerrado hasta el jueves por tareas de mantenimiento preventivo en su pista. Parte de los servicios fue reprogramada y el resto mudó sus valijas a Ezeiza, que vivirá dos jornadas con más movimiento que la calle Florida en sus buenos tiempos.

Desde las 9 de este martes 25 de agosto, el Aeroparque Jorge Newbery quedó fuera de servicio y permanecerá cerrado hasta las 16 del jueves 27. Durante esas 55 horas no habrá despegues ni aterrizajes en la terminal porteña, debido a trabajos de mantenimiento preventivo sobre la pista principal. La postal resulta extraña: mostradores encendidos, instalaciones en pie y aviones que, sencillamente, no llegan. Como diría una madre argentina frente a semejante despliegue: “Muy lindo todo, pero ¿a qué hora salimos?”.

La medida alcanza aproximadamente a 900 vuelos nacionales y regionales. Según informó Aeropuertos Argentina, unos 360 fueron reprogramados y otros 540 trasladados al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Los cambios dependen de cada compañía, por lo que los pasajeros deben controlar aeropuerto, horario y número de vuelo antes de salir. Porque llegar canchero a Costanera, valija en mano y pasaporte entre los dientes, para descubrir que el avión parte desde Ezeiza no es una anécdota de viaje: es una pequeña tragedia nacional con peaje incluido.

El cierre fue formalizado mediante un NOTAM —la notificación oficial utilizada en la actividad aeronáutica— y comunicado a las compañías con varios meses de anticipación. Las fechas se eligieron por corresponder a jornadas de menor movimiento y permitir que las aerolíneas reorganizaran horarios, personal y posiciones de estacionamiento. Dicho en elegante: fue una intervención cuidadosamente planificada. Dicho en la vereda: el que avisa no traiciona, aunque igual siempre aparece alguno mirando el cartel de “cerrado” como si se lo hubieran puesto cinco minutos antes.

Los trabajos forman parte de un programa de infraestructura superior a los 85 millones de dólares, pensado para acompañar el crecimiento del tráfico aéreo. Aeroparque puede alcanzar picos cercanos a los 440 vuelos diarios y durante 2025 se consolidó como la terminal con mayor movimiento de pasajeros del país. La pista había sido renovada y ampliada durante la pandemia y volvió a operar en marzo de 2021; esta es la primera interrupción completa destinada a su mantenimiento preventivo desde aquella remodelación. En aviación, como en la vida, más vale parar dos días a tiempo que hacerse después el sorprendido con cara de “yo no fui”.

El verdadero protagonista secundario de esta historia es Ezeiza. Durante el cierre deberá recibir alrededor de 940 movimientos entre aterrizajes y despegues, frente a los 530 habituales para un período semejante. El incremento ronda el 80% y obligó a reorganizar espacios, posiciones, personal operativo y circulación terrestre. Ezeiza estará a full, con vuelos de cabotaje mezclados con servicios internacionales y familias preguntando por la puerta de embarque como si participaran de una búsqueda del tesoro.

Para quienes viajen durante estas jornadas, la recomendación es tan sencilla como vital: revisar los mensajes de la aerolínea, ingresar al sitio oficial con el código de reserva y confirmar desde qué aeropuerto sale el vuelo. También conviene calcular más tiempo para llegar a Ezeiza, especialmente en horarios pico. Buenos Aires tiene esa costumbre de hacerle creer a uno que todo queda “ahí nomás”; después aparece la autopista Riccheri, un embotellamiento y el chofer diciendo: “Quedate tranquilo, llegamos”. Ahí es cuando conviene empezar a rezarle al santo patrono del check-in.

El cierre no abarca por completo las jornadas del martes y el jueves. Aeroparque funcionó antes de las 9 de este martes y retomará sus operaciones después de las 16 del jueves, siempre que las tareas concluyan dentro del cronograma previsto. En esas dos ventanas parciales se estima el movimiento de cerca de 180 vuelos. No se trata, por lo tanto, de un cierre de tres días enteros, sino de una interrupción continua de 55 horas, aunque para quien perdió una conexión puede sentirse como una temporada completa de “Lost”.

La obra es necesaria, la planificación fue anticipada y las compañías tuvieron tiempo para reacomodar sus servicios. Pero del otro lado están los pasajeros, que compraron un vuelo desde Palermo y terminaron saliendo desde la otra punta del conurbano. Algunos lo tomarán con filosofía; otros preguntarán quién se hace cargo del traslado; y habrá quienes lleguen corriendo, despeinados y cargando la valija como Moria entrando a un estudio después de un escándalo.

Hasta el jueves, Aeroparque descansará para poner su pista a punto. Ezeiza, en cambio, tendrá que recibir el baile completo. Porque en la Argentina hasta los aeropuertos conocen aquella máxima inmortal: cuando uno para, el otro tiene que hacer horas extras. Y al pasajero, como siempre, le toca aquello de Lita de Lázzari: “Camine, señora, camine”. En este caso, eso sí, hasta la puerta de embarque correcta.

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