¿BAJARON LAS VENTAS? 8 PREGUNTAS PARA ENTENDER QUÉ ESTÁ PASANDO ANTES DE ENTRAR EN PÁNICO

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¿BAJARON LAS VENTAS? 8 PREGUNTAS PARA ENTENDER QUÉ ESTÁ PASANDO ANTES DE ENTRAR EN PÁNICO

Por Carolina Pesce, especialista en Marketing, para Diucko TV Digital

Hay un momento del año, particularmente en agosto, en el que conviene hacer algo bastante poco glamoroso pero absolutamente necesario: mirar los números sin maquillaje.

Porque cuando las ventas aflojan, aparece enseguida esa ansiedad tan empresarial de querer hacer algo. Una promo, una campaña, más pauta, un descuento, un reel con música de moda, una lluvia de mails. Todo muy activo, muy dinámico, muy “estamos reaccionando”. Pero a veces el problema no es que falte hacer más. A veces hace falta mirar mejor.

Y acá viene una verdad bastante simple: antes de salir desesperados a buscar clientes nuevos, conviene revisar qué está pasando con los que ya tenemos.

Porque captar a alguien nuevo puede ser fantástico, sí. Pero también es bastante más caro, lleva más tiempo y requiere construir confianza desde cero. En cambio, un cliente que ya te eligió alguna vez ya conoce tu marca. Y eso, darling, vale muchísimo.

1. ¿Qué pasó con tus clientes de siempre?

Primero hay que revisar la cartera actual.

¿Quién sigue comprando? ¿Quién compra menos? ¿Quién desapareció? ¿Hace cuánto que no vuelve?

A veces miramos la baja general de ventas y pensamos automáticamente que necesitamos más público, cuando en realidad lo que ocurrió es que nuestros clientes habituales empezaron a espaciar sus compras.

Y si no detectamos eso, estamos mirando la película equivocada.

2. ¿Seguís hablándoles como hace un año?

Este punto me encanta porque pasa todo el tiempo.

Las marcas cambian. Los clientes cambian. Los hábitos cambian.

Pero muchas empresas siguen enviando exactamente el mismo mensaje, por el mismo canal y con la misma frecuencia como si nada hubiera ocurrido.

Quizás tu cliente ya no abre ese mail. Tal vez responde mejor por WhatsApp. Quizás quiere un video de veinte segundos y vos le estás mandando una tesis doctoral.

No siempre hay que cambiar el producto. A veces hay que cambiar la conversación.

3. ¿Tu comunicación todavía les importa?

Una marca que sólo habla de sí misma termina siendo como esa persona que en una cena no deja de contar sus logros.

Agota.

Preguntate si tu comunicación está realmente conectada con lo que necesita tu cliente hoy.

¿Le estás contando lo maravilloso que es tu producto o le estás mostrando por qué puede servirle?

Es una diferencia enorme.

Comunicar mejor no significa publicar veinte veces por día. Significa ser relevante.

Y la relevancia, en marketing, es mucho más sexy que la insistencia.

4. ¿Qué sabés realmente de quien ya te compró?

Acá aparece uno de los activos más subestimados: la información.

¿Qué compró? ¿Cuándo? ¿Cada cuánto vuelve? ¿Qué consultó? ¿Qué combinó? ¿Qué servicio eligió?

No estamos hablando de perseguir gente digitalmente como si fueras un detective privado.

Estamos hablando de entender comportamientos.

Porque si todos tus clientes reciben exactamente la misma propuesta, probablemente estés desperdiciando información valiosísima.

El marketing inteligente empieza cuando dejamos de pensar en “el público” como una masa y empezamos a entender personas.

5. ¿Cuántas recompras estás dejando escapar?

Hay negocios que consiguen una venta y después prácticamente despiden al cliente con un beso y un “gracias por venir”.

Error.

La pregunta debería ser: ¿qué puede necesitar después?

Puede ser una reposición, una renovación, un servicio adicional, una mejora o algo complementario.

Una venta no debería ser el final de una relación comercial.

Debería ser el comienzo.

6. ¿Tenés clientes dormidos?

Me fascina esta categoría porque suele estar llena de oportunidades.

Un cliente que dejó de comprar no necesariamente te abandonó.

Tal vez se distrajo. Tal vez cambió sus prioridades. Quizás tu marca dejó de aparecer en su radar.

Y ahí hay una enorme diferencia entre un cliente perdido y un cliente dormido.

Antes de gastar una fortuna intentando seducir desconocidos, fijate cuánta gente ya te conoce y simplemente necesita un buen motivo para volver.

A veces un mensaje bien pensado funciona mejor que cien anuncios.

7. ¿De verdad necesitás bajar el precio?

Esta es la tentación clásica.

Bajan las ventas y alguien grita: “¡hagamos descuento!”.

Respiremos.

Porque bajar precios puede funcionar, pero no debería ser el reflejo automático.

Antes podríamos revisar financiación, beneficios adicionales, paquetes, atención personalizada, ventajas por fidelidad o servicios complementarios.

Muchas veces el cliente no está buscando necesariamente pagar menos.

Está buscando sentir que recibe más valor.

Y esa diferencia es enorme.

8. ¿Qué podés probar en los próximos 30 días?

No hace falta transformar toda la empresa de un día para otro.

Seleccioná una hipótesis.

Por ejemplo: recuperar clientes inactivos.

Elegí un grupo, diseñá una acción específica y medí el resultado.

Después probá otra cosa.

Puede ser mejorar el seguimiento, cambiar un canal, lanzar una propuesta exclusiva o generar contenido más útil.

El marketing necesita intuición, claro.

Pero necesita datos mucho más.

AGOSTO: EL MES PERFECTO PARA MIRAR EL NEGOCIO SIN FILTROS

Agosto tiene algo interesante.

Ya pasó suficiente año como para tener información real y todavía queda tiempo para corregir.

Sabemos qué funcionó, qué no, quién compró, quién desapareció y dónde se frenó la rueda.

Por eso este es un buen momento para preguntarnos:

¿Qué clientes tenemos?
¿Qué sabemos de ellos?
¿Quiénes dejaron de elegirnos?
¿A quién podríamos recuperar?
¿Y qué tenemos que cambiar para volver a ser interesantes?

Porque en épocas donde el consumo se vuelve más cuidadoso, tal vez crecer no signifique hablarle inmediatamente a millones de personas nuevas.

Tal vez signifique volver a enamorar a quienes ya nos conocen.

Y en marketing, como en tantas cosas de la vida, a veces creemos que necesitamos algo nuevo cuando lo verdaderamente inteligente es aprender a cuidar mejor lo que ya tenemos.

La mirada de Carolina Pesce: una estrategia comercial no se mide solamente por cuánta gente conseguimos alcanzar, sino por cuántas razones somos capaces de ofrecer para que alguien quiera volver.

Y eso, aunque suene bastante poco tecnológico, sigue siendo marketing del bueno.

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