
La final terminó el 19 de julio, España levantó la Copa y Argentina se volvió con ese sabor amargo que queda cuando uno estuvo a centímetros de tocar otra vez el cielo. Pero un mes después, cuando parecía que el Mundial 2026 ya empezaba a acomodarse en el álbum de los recuerdos, FIFA decidió que todavía quedaba partido por jugar. Y esta vez, en los escritorios.
La Comisión Disciplinaria de FIFA confirmó este viernes 21 de agosto un paquete de sanciones realmente pesado para la Selección Argentina por distintos episodios ocurridos durante la Copa del Mundo y, especialmente, por los incidentes posteriores a la final ante España en el New York New Jersey Stadium.
El castigo más duro cayó sobre Leandro Paredes: diez partidos de suspensión con la Selección y una multa de 90 mil dólares. Lo sigue Nahuel Molina, suspendido por siete encuentros y también multado con 90 mil dólares. Thiago Almada recibió un partido y 30 mil dólares, mientras que Roberto Ayala, integrante del cuerpo técnico de Lionel Scaloni, fue sancionado con tres partidos y otros 30 mil dólares. Del lado español, Gavi recibió una fecha de suspensión y una multa de 30 mil dólares.
Y acá aparece el detalle que seguramente respiraron en Boca: la sanción de Paredes se cumple exclusivamente en partidos oficiales de la Selección Argentina, por lo que no afecta su actividad en el club. Lo mismo ocurre con el resto de los futbolistas involucrados respecto de sus equipos. FIFA especificó que las suspensiones se trasladan a los próximos encuentros de sus respectivas selecciones.
Pero la historia no termina con los jugadores.
La AFA deberá afrontar multas por un total de 321 mil dólares, originadas en distintos hechos ocurridos durante el Mundial: cánticos y gestos discriminatorios de hinchas, lanzamiento de objetos, retrasos en los comienzos de partidos, incumplimientos de protocolos de seguridad y la utilización de encuentros para manifestaciones consideradas por FIFA ajenas al deporte.
Entre esas situaciones aparece una que, inevitablemente, toca una fibra argentina: la bandera con la leyenda “Las Malvinas son Argentinas” exhibida luego de la semifinal frente a Inglaterra. Por ese episodio la AFA informó una multa específica de 10 mil dólares, a la que se agregaron otros 20 mil por conducta inapropiada de espectadores.
Además, FIFA dispuso que Argentina juegue su próximo encuentro oficial como local con el 50% de las tribunas cerradas, principalmente los sectores ubicados detrás de los arcos. Una segunda sanción similar queda suspendida durante un año y sólo se hará efectiva en caso de reincidencia. Parte de las localidades clausuradas podrán destinarse, con autorización de FIFA, a familias, estudiantes y organizaciones vinculadas a campañas contra la discriminación.
De los 321 mil dólares de multa, 100 mil deberán invertirse en un programa contra la discriminación aprobado por FIFA. Otros 100 mil dólares de la sanción quedaron suspendidos bajo un período de prueba.
La AFA ya anticipó que no piensa quedarse mirando cómo pasa la pelota. Su Gerencia de Legales solicitará los fundamentos completos de las resoluciones para presentar recursos ante el Comité de Apelación de FIFA y, eventualmente, llevar el caso hasta el Tribunal Arbitral del Deporte, el TAS.
El contraste tiene algo muy argentino.
Hace apenas unas semanas millones mirábamos aquella final contra España con el corazón en la garganta, todavía intentando acostumbrarnos a una Selección que convirtió disputar finales en algo casi cotidiano. El equipo de Scaloni había llegado nuevamente hasta el último domingo del Mundial, Messi había estirado su historia hasta los 34 partidos mundialistas y España necesitó del alargue para ganar 1-0.
Ahora las imágenes son otras: expedientes, artículos disciplinarios, dólares, apelaciones y escritorios.
La mirada de El Archivólogo
El fútbol argentino siempre tuvo dos partidos. El que se juega dentro de la cancha y ese otro que empieza cuando el árbitro ya se fue al vestuario.
Antes eran discusiones eternas en Polémica en el Fútbol, titulares gigantes en El Gráfico y algún dirigente golpeando una mesa frente a una cámara. Hoy aparecen comunicados digitales, códigos disciplinarios y abogados hablando del TAS.
Cambian los decorados, muchachos. El fútbol nunca.
Y como decía aquella vieja máxima tribunera que atravesó generaciones: los partidos terminan cuando terminan… pero las historias del fútbol argentino no terminan nunca.
DIUCKO DIGITAL RADIO EN VIVO