PUERTA 12: EL DÍA QUE EL FÚTBOL ARGENTINO TOCÓ FONDO Y NADIE PAGÓ LA CUENTA

Escuchar esta noticia
Powered by Evolucion Streaming
x1

PUERTA 12: EL DÍA QUE EL FÚTBOL ARGENTINO TOCÓ FONDO Y NADIE PAGÓ LA CUENTA

Por El Archivólogo

Hay historias que duelen aunque hayan pasado hace más de medio siglo. Historias que quedaron escondidas debajo de la alfombra, como esas fotos familiares que nadie quiere volver a mirar porque traen recuerdos demasiado pesados.

La tragedia de la Puerta 12 es una de ellas.

Y si hablamos de memoria futbolera, ésta no fue una derrota, no fue un descenso, no fue un penal errado. Fue algo muchísimo peor.

Fue una tarde donde 71 personas salieron a ver un Boca-River y nunca volvieron a sus casas.

Como decía la vieja frase de barrio: «Entraron caminando y salieron en un cajón.»

El 23 de junio de 1968 el Monumental estaba explotado. Más de 80 mil almas apretadas como sardinas en lata para ver el Superclásico. En aquellos años no existían las comodidades de hoy. No había protocolos, ni cámaras por todos lados, ni controles electrónicos. Era el fútbol a la antigua, con sus encantos… y también con sus miserias.

El partido fue un bodrio.

Un 0 a 0 de esos que te hacen pensar que hubiera sido mejor quedarse escuchando a Julio Sosa en la radio.

Pero mientras la pelota aburría adentro de la cancha, la tragedia ya empezaba a cocinarse afuera.

Cuando el árbitro marcó el final, miles de hinchas comenzaron a bajar por los túneles para abandonar el estadio. Una marea humana. Una estampida silenciosa.

Y entonces ocurrió lo impensado.

En la salida conocida como Puerta 12, destinada principalmente a los hinchas de Boca, la multitud comenzó a comprimirse.

Los de atrás empujaban.

Los del medio no podían moverse.

Los de adelante ya no respiraban.

En cuestión de minutos el túnel se convirtió en una trampa mortal.

No hubo incendios.

No hubo disparos.

No hubo bombas.

Hubo algo mucho más aterrador: gente aplastando gente.

Una montaña de cuerpos.

Un tapón humano.

Un infierno hecho de desesperación.

Diseño sin título - 2026-06-23T164723.471.png

Los testimonios de los sobrevivientes siguen poniendo la piel de pollo.

Muchos contaron que quedaron suspendidos en el aire por la presión de la multitud. Otros dijeron que ni siquiera tocaban el piso. Algunos lograron aferrarse a caños o barandas para no terminar debajo de la avalancha.

Los que lograban salir observaban una imagen imposible de olvidar.

Cuerpos amontonados.

Zapatos perdidos.

Bufandas.

Gritos.

Silencio.

Y después la peor noticia.

Setenta y una personas muertas.

La mayor tragedia de la historia del fútbol argentino.

Y acá empieza la parte más argentina de toda esta historia.

Porque cuando llegó la hora de buscar responsables, empezó el festival del «yo no fui».

La especialidad nacional.

Algunos dijeron que la puerta estaba cerrada.

Otros aseguraron que estaba parcialmente abierta.

Otros culparon a los molinetes.

También apareció la versión de que la Policía Montada había bloqueado la salida mientras perseguía hinchas.

Incluso hubo quienes sostuvieron que la gente intentó retroceder al encontrarse con efectivos policiales, generando el caos definitivo.

Versiones hubo para tirar al techo.

Lo que nunca hubo fue una explicación definitiva.

Ni culpables.

Ni condenas.

Ni justicia.

Como tantas veces en nuestra historia, el expediente terminó juntando polvo mientras las familias juntaban lágrimas.

Pasaron los meses.

Pasaron los años.

Pasaron las décadas.

Y la verdad quedó enterrada debajo de una montaña de papeles, burocracia y silencio.

Los familiares reclamaron.

Preguntaron.

Esperaron.

Pero la respuesta siempre fue la misma.

Nada.

images (99).jpg

Como diría cualquier abuelo sentado en la vereda: «Acá se hizo humo todo.»

La dictadura de entonces tampoco ayudó demasiado. Las investigaciones fueron superficiales, la información circuló a cuentagotas y muchos periodistas dependían exclusivamente de la versión oficial.

Y cuando el Estado te cuenta la historia y nadie puede repreguntar, ya sabemos cómo termina la película.

Con el paso de los años la Puerta 12 se transformó en una especie de fantasma del fútbol argentino.

Todos saben que ocurrió.

Pocos conocen los detalles.

Y menos todavía conocen los nombres de las víctimas.

Paradójicamente, el número quedó marcado para siempre.

Tanto que años después las puertas del Monumental dejaron de identificarse con números y pasaron a llamarse con letras.

Como si cambiando el cartel pudiera borrarse la memoria.

Pero la memoria no funciona así.

Porque hay heridas que no cierran.

Y porque, como decía Tita Merello, «el tiempo no arregla nada, apenas acomoda las cosas».

Hoy, a casi seis décadas de aquella tarde helada de junio, la Puerta 12 sigue siendo una deuda pendiente del fútbol argentino.

No sólo por las 71 vidas que se perdieron.

Sino porque todavía nadie pudo explicar con certeza qué pasó.

Ni quién falló.

Ni quién miró para otro lado.

Y quizás esa sea la verdadera tragedia.

Que el fútbol argentino aprendió a recordar la fecha.

Pero todavía no aprendió a contar toda la verdad.

Porque al final del día, cuando se apagan las luces de la cancha y se vacían las tribunas, queda una pregunta flotando en el aire.

La misma desde 1968.

¿Fue un accidente… o fue una cadena de negligencias que alguien se encargó de esconder?

Sesenta años después, seguimos esperando la respuesta.

Y como suele pasar en la Argentina, el partido terminó hace mucho.

Pero el misterio sigue jugando tiempo suplementario.

Compruebe también

EL PELADO, LA FAMILIA Y UNA NOCHE DE ESAS QUE TE RECONCILIAN CON LA VIDA

EL PELADO, LA FAMILIA Y UNA NOCHE DE ESAS QUE TE RECONCILIAN CON LA VIDA

▶ Escuchar esta noticia Powered by Evolucion Streaming x1 Por El Archivólogo Hay noches que …

MINGUITO TINGUITELA, PAPÁ: EL ÚLTIMO FILÓSOFO DEL CAFÉ DE LA ESQUINA

MINGUITO TINGUITELA, PAPÁ: EL ÚLTIMO FILÓSOFO DEL CAFÉ DE LA ESQUINA

▶ Escuchar esta noticia Powered by Evolucion Streaming x1 Por El Archivólogo Si hay un …

Déjanos tu comentario