
Hay historias que parecen ficción… y hay otras que, como diría Cristina Fernández de Kirchner, “cosas vederes, Sancho…”. Porque lo de Wanda ya no sabés si es casting o déjà vu.
La nueva película de Wanda Nara viene con todos los condimentos: mujer engañada, separación, vuelta a empezar… y un romance con un pibe más joven. Ahora bien, pará la pelota un segundo… ¿no te suena de algún lado?
Porque si uno raspa un poquito la superficie, la trama no solo es una comedia romántica: es casi un espejo de su propia vida.
Vamos por partes, como Jack el Destripador.
Wanda estuvo casada con Maxi López. Amor, familia, hijos… el combo completo. Pero la historia terminó como terminan muchas en este bendito país: por infidelidades. No una, varias. Ella misma quedó marcada por ese desgaste, ese “me cansé” que en criollo sería un “basta chicos” versión matrimonio.
Y ahí aparece el plot twist digno de Netflix: en medio de esa ruptura, entra en escena Mauro Icardi. Más joven, amigo de su marido, compañero de equipo… todo lo que en cualquier sobremesa argentina te haría decir “esto termina mal”. Pero no. Terminó en romance, boda y escándalo mundial.
Como diría Moria Casán: “Si querés llorar, llorá”. Pero Wanda no lloró… Wanda avanzó.

Y acá viene lo jugoso: en la peli, ella interpreta a una mujer que descubre una infidelidad, se reinventa y termina enamorándose de un pibe mucho más joven, con una diferencia de edad marcada. No son exactamente 20 años como en el guión… pero tampoco estamos hablando de compañeros de curso. Hay una brecha, hay un contraste, hay un juego de poder y deseo.
O sea… estamos mal, pero vamos bien.
Porque lo que el guión propone como “inesperado romance”… Wanda ya lo vivió en carne propia. Y no solo eso: lo convirtió en marca registrada. En escándalo. En fenómeno mediático. En el famoso “Wanda Gate”, ese culebrón que hizo que medio planeta mire un partido de la Serie A esperando el saludo que nunca llegó.
Ahí está la clave: esta película no es solo un debut. Es casi una autobiografía disfrazada de comedia romántica. Un “yo no miento, solo omito la verdad”, versión cine.
Y entonces la pregunta ya no es quién será el galán…
La pregunta es si el galán va a estar a la altura del personaje más difícil de interpretar: Wanda siendo Wanda.
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