
La Negra Vernaci y Griselda Siciliani compartieron estudio, pasado sentimental y una colección de indirectas sobre Luciano Castro. Moria Casán, que para estas cosas tiene menos filtro que grupo de WhatsApp familiar, escuchó dos minutos y dijo lo que todos estaban pensando.
Hay encuentros televisivos que necesitan una producción de veinte personas, cuatro reuniones y un guion de treinta páginas. Y después están esos momentos donde simplemente sentás juntas a Elizabeth “La Negra” Vernaci, Griselda Siciliani y Moria Casán y esperás. Algo va a pasar. Es física básica del espectáculo argentino.
Este viernes, Siciliani y Moria visitaron Olga para presentar la nueva serie de la One para Netflix, donde Griselda tiene un papel importante. Todo muy prolijo, muy estreno internacional, muy plataforma global. Hasta que apareció un nombre que convirtió la presentación en sobremesa de amigas: Luciano Castro.
Porque resulta que Vernaci y Siciliani tienen algo más en común que el talento, el humor filoso y cero vocación para hacerse las distraídas: las dos tuvieron una historia sentimental con Castro.
Y la Negra, que cuando encuentra una puerta entreabierta directamente entra con el camión, miró a Griselda y disparó:
“Necesito hablar cosas con vos, de temas muy específicos pero no delante de ustedes. Vamos a hablar solas”.
No hizo falta PowerPoint.
Griselda entendió perfectamente. Moria también. Probablemente hasta el operador del aire acondicionado entendió.
Pero la One no podía permitir que semejante pelota quedara picando en el área.
“Las señoras han compartido un miembro del espectáculo”, sentenció Moria.
Listo.
Que cierren el estudio, apaguen las luces y que el último se lleve las medialunas.
Las carcajadas explotaron inmediatamente y Siciliani, lejos de esconderse abajo de la mesa, devolvió con una frase todavía mejor:
“¡Nosotras dos y cuántas más!”
Una respuesta cortita, elegante y con una cantidad de dinamita suficiente como para que Luciano Castro posiblemente haya sentido un pequeño escalofrío sin saber por qué.
Porque ahí estuvo la gracia de toda la escena. Nadie necesitó explicar demasiado. No hubo escándalo, acusaciones ni caras largas. Hubo algo mucho más argentino: ironía entre mujeres que conocen perfectamente la misma historia.
Vernaci siguió jugando.
“Ahora vamos a charlar con Gri unas cositas mientras ustedes miran el tráiler”, avisó.
Y uno imagina ese fuera de cámara como una reunión diplomática de alto riesgo. Dos mujeres comparando archivos. Fechas. Anécdotas. Tal vez alguna captura mental. Material que, por el bien de Luciano, probablemente convenga que permanezca clasificado.
UN HOMBRE, DOS HISTORIAS Y VARIOS CAPÍTULOS
La relación entre Luciano Castro y Elizabeth Vernaci viene de principios de los 2000.
Se conocieron durante una participación en La Biblia y el Calefón, el inolvidable programa conducido por Jorge Guinzburg. Hubo química, coqueteo televisivo y después vino la invitación para verse fuera de cámara.
En 2005 blanquearon públicamente el romance. La pareja atravesó varias idas y vueltas y permaneció junta durante aproximadamente cuatro años.
Con el tiempo, los dos hablaron del otro sin grandes guerras públicas. Una rareza dentro de la farándula nacional, donde muchas separaciones terminan necesitando abogado, panelista y graph rojo.
La historia de Griselda Siciliani y Luciano Castro, en cambio, tuvo capítulos bastante más recientes.
Durante años circularon versiones sobre un primer acercamiento entre ellos alrededor de 2007, cuando Griselda trabajaba en Patito Feo y Luciano protagonizaba Lalola. Nunca hubo demasiadas precisiones públicas sobre aquella etapa y quedó flotando como uno de esos rumores históricos del ambiente.
Muchísimos años después volvieron a encontrarse.
En mayo de 2024 confirmaron públicamente su relación y rápidamente se convirtieron en una de las parejas más comentadas del espectáculo argentino.
Pero la historia terminó a comienzos de 2026, después de la aparición de audios y mensajes atribuidos a Castro con una mujer danesa a quien habría conocido durante una estadía laboral en Madrid.
El episodio provocó una tormenta mediática y terminó acelerando la ruptura con Siciliani.
Y ahora, meses después, el nombre de Luciano volvió a aparecer donde menos necesitaba aparecer: sentado imaginariamente entre dos ex y con Moria Casán relatando el partido.
Una combinación bastante difícil de sobrevivir.
Lo cierto es que el momento en Olga funcionó porque nadie dramatizó demasiado. Vernaci abrió la puerta, Griselda entró al juego y Moria hizo exactamente lo que Moria lleva haciendo medio siglo: decir en voz alta lo que el resto apenas se anima a pensar.
Y si faltaba una frase para convertir la escena en televisión instantánea, Siciliani la dejó servida:
“Nosotras dos y cuántas más”.
Luciano, querido…
En esta mesa parece que todavía quedan varias sillas libres.
La Realidad. Porque en la farándula algunos romances terminan, pero el archivo jamás prescribe.
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