Montevideo tuvo esos días en los que parece que todo pasa ahí, como cuando en los 90 la tele te decía que “si no estás, no existís”. Y la verdad… esta vez no era verso. La XXIV Cumbre Mundial de Comunicación Política cayó en la capital uruguaya con ese aire de evento importante, de esos donde todos caminan rápido, hablan bajito pero tiran conceptos como si fueran centros al área. Y claro, ahí estaba la fauna completa: consultores, políticos, académicos, estrategas, empresarios… y alguno que otro que te vende “la fórmula del voto” como si fuera el secreto de la Coca-Cola.
Desde el arranque, con figuras como la Vice Uruguaya Carolina Cosse y Mario Bergara Intendente de Montevideo dando el presente, quedó claro que esto no era un seminario más con coffee break y medialuna seca. Acá había peso, había respaldo, había esa cosa de “esto se está mirando desde todos lados”. Porque cuando se juntan más de 200 personas de 12 países a hablar y escuchar de política… algo se está cocinando, aunque nadie quiera decir exactamente qué.
Pero si hubo alguien que caminó la Cumbre con ese timing de tipo que sabe dónde está parado, ese fue Daniel Ivoskus. Sin estridencias, sin hacerse el dueño de la pelota, pero con esa presencia que no necesita levantar la voz para ordenar la cancha. Ivoskus jugó de esos que no salen en la tapa todos los días, pero sin los cuales el equipo no funciona. Y en este tipo de encuentros, donde todos quieren decir algo brillante, él fue más por el lado de sostener el clima, de darle sentido al conjunto. Un armador silencioso, si se quiere. De esos que entienden que en política no siempre gana el que más grita, sino el que mejor interpreta el momento.

Y el momento tenía de todo. Por un lado, nostalgia fina cuando se sentaron a charlar Luis Alberto Lacalle Herrera y Julio María Sanguinetti. Dos tipos que vienen de otra época, donde la política se cocinaba más a fuego lento. Ahí no hubo acting ni frases para TikTok: hubo reflexión, hubo pausa, hubo eso que hoy escasea… prudencia. Tiraron una que quedó flotando: ojo con la política instantánea, con esto de fabricar líderes como si fueran contenido. Una advertencia elegante, sin dedo acusador, pero con peso. Como diciendo “muchachos, no todo es algoritmo”.
Porque claro, el otro gran tema que sobrevoló la Cumbre fue ese monstruo moderno que es la inteligencia artificial. Que sí, que ayuda, que ordena, que segmenta… pero que no te da calle ni territorio. Y ahí apareció esa tensión que hoy atraviesa todo: ¿cuánto hay de estrategia real y cuánto de planilla de Excel? Porque podés tener el mejor análisis de datos del mundo, pero si no sabés que olor tiene una unidad básica un sábado a la tarde… estás jugando otro partido.
El panel de los partidos fue un poco eso: distintas miradas, distintas camisetas, pero una misma preocupación. Estuvieron Mónica Xavier, Álvaro Delgado, Andrés Ojeda, Pablo Mieres y Guido Manini Ríos, cada uno con su libreto, pero todos coincidiendo en algo que suena básico y no lo es: la gente no es un número. Podés segmentar, perfilar… pero si no sos creíble, si no hay algo genuino, la cosa no arranca. Como diría la calle: “te sacan la ficha al toque”.

Mientras tanto, en los pasillos a puro mate y café donde circulaban entre otros Empresarios de Medio de Comunicación como Cristian Iuale Ceo de Diucko Digital Multimedios de Argentina junto a Leonardo Larrea empresario de turismo entre otros, se mezclaban palabras como neuromarketing, narrativa, geopolítica… y alguno que otro tiraba “big data” como si estuviera en Silicon Valley. Pero en el fondo, lo que flotaba era otra cosa: la necesidad de volver a conectar. Porque en un mundo donde todos hablan, el problema no es decir… es que te escuchen.
Y ahí es donde la Cumbre dejó algo más interesante que cualquier PowerPoint prolijo: dejó clima. Sí, clima. Ese intangible que no se mide pero se siente. Durante tres días, Montevideo fue una especie de burbuja donde la política no fue grito ni chicana, sino conversación. Algo que, en estos tiempos, vale oro.

Ivoskus lo sintetizó con una frase que no sonó a cassette: habló de un “grito de democracia”. Y no lo dijo desde la épica vacía, sino desde lo vivido. Porque cuando bajás un cambio, cuando generás diálogo real, cuando lográs que tipos que piensan distinto se sienten sin sacarse los ojos… algo hiciste bien.
La Cumbre pasó, sí. Como pasan todas las cosas. Pero dejó esa sensación medio incómoda y necesaria: que se puede hacer política de otra manera. Que no todo es trending topic, ni operación, ni frase armada para la tribuna. Que todavía hay lugar para la charla, para el matiz, para el “pará, escuchemos”.
Y en un continente donde muchas veces todo parece al borde del grito, no es poco. Como decía el viejo dicho, “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”… bueno, acá por tres días, por lo menos, varios decidieron abrir los ojos. Y eso, en estos tiempos, ya es noticia.
Te preguntaras como sigue la agenda de la cumbre en los próximos meses y bueno va a ir a parar en julio el 29 y el 30 a Costa Rica, en agosto el 19 y 20 hará lo propio en Santo Domingo y finalmente en noviembre del 24 al 26 arribara a la Ciudad de México.
