EL ARTE DE PELEAR BIEN: LAS 5 REGLAS DE ORO PARA DISCUTIR SIN LASTIMAR EL VÍNCULO

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EL ARTE DE PELEAR BIEN: LAS 5 REGLAS DE ORO PARA DISCUTIR SIN LASTIMAR EL VÍNCULO

Por Susana Leroux – Especialista en Relaciones

Hola, soy Susana.

Y hoy quiero contarte algo que probablemente te sorprenda.

Las parejas felices también discuten.

Sí, leíste bien.

No existen las relaciones donde nunca hay diferencias, donde jamás aparece un enojo o donde todo se resuelve con una sonrisa. Ese tipo de pareja perfecta simplemente no existe. Lo que sí existe son parejas que aprendieron a discutir de una manera diferente.

Después de muchos años acompañando historias de amor, separaciones, reconciliaciones y nuevos comienzos, descubrí que el verdadero secreto no está en evitar los conflictos.

Está en aprender a atravesarlos sin destruir al otro.

Porque una discusión no tiene por qué convertirse en una guerra.

Y muchas veces, una conversación difícil puede terminar fortaleciendo una relación.

Los investigadores del Instituto Gottman, una de las instituciones más reconocidas del mundo en el estudio de las relaciones de pareja, sostienen que las parejas estables no discuten menos que las demás. La diferencia es que saben reparar el vínculo antes de que el conflicto escale y termine dejando heridas profundas.

Hoy quiero compartirte las cinco reglas que considero fundamentales para aprender ese maravilloso arte de pelear bien.

Regla Nº 1

Peleá contra el problema… no contra la persona.

Parece una diferencia mínima.

En realidad cambia absolutamente todo.

No es lo mismo decir:

«Nunca pensás en mí.»

Que decir:

«Me dolió sentir que hoy no me tuviste en cuenta.»

¿Notás la diferencia?

En la primera frase estoy atacando quién sos.

En la segunda estoy explicando cómo me sentí frente a una situación concreta.

Cuando atacamos la identidad del otro aparecen palabras como:

«Siempre…»

«Nunca…»

«Sos igual…»

«No servís…»

Y desde ese momento la conversación deja de buscar soluciones.

Empieza una competencia para ver quién hiere más.

Las personas no solemos defender ideas.

Defendemos nuestra dignidad.

Y cuando sentimos que alguien la pone en juego, automáticamente levantamos un muro.

Regla Nº 2

Hablá desde el «yo».

Ésta es una herramienta sencilla y profundamente poderosa.

En vez de comenzar diciendo:

«Vos nunca me escuchás.»

Probá con:

«Yo me siento ignorada cuando intento hablar y siento que mirás el teléfono.»

La diferencia parece sutil.

Pero psicológicamente es enorme.

Las llamadas frases en primera persona disminuyen la sensación de ataque y permiten que el otro escuche sin ponerse inmediatamente a la defensiva.

No se trata de tener razón.

Se trata de contar qué pasa dentro tuyo.

Porque nadie puede discutir con lo que vos sentís.

Puede no compartirlo.

Pero no puede decirte que no lo sentís.

Regla Nº 3

Pedir un «tiempo fuera» no significa escapar.

Éste es uno de los errores más frecuentes.

Muchas personas creen que cortar una discusión significa evitar el problema.

No siempre.

Hay momentos en los que nuestro cerebro deja de escuchar.

La frecuencia cardíaca aumenta.

Respiramos peor.

Pensamos peor.

Respondemos peor.

Seguimos hablando…

Pero ya no estamos conversando.

Estamos reaccionando.

En esos momentos suelo recomendar una frase muy simple.

«Necesito veinte minutos para calmarme. Quiero seguir hablando de esto, pero ahora no puedo hacerlo bien.»

Fijate algo muy importante.

La frase incluye una promesa.

«Voy a volver.»

Eso genera seguridad.

No es desaparecer.

Es cuidar la conversación.

Las investigaciones de John Gottman muestran que tomarse una pausa acordada puede evitar que una discusión escale y termine siendo destructiva, siempre que ambos sepan cuándo retomarán el diálogo.

Regla Nº 4

Escuchar no significa dar la razón.

Cuántas veces escucho esta frase en el consultorio.

«Si le doy la razón, pierdo.»

Y ahí aparece una gran confusión.

Validar no es coincidir.

Validar significa decir:

«Entiendo que para vos esto fue importante.»

Nada más.

No estás diciendo que el otro tenga razón.

Estás diciendo que comprendés cómo lo vivió.

Y cuando una persona se siente comprendida, automáticamente baja la guardia.

Todos necesitamos sentir que alguien entiende nuestro mundo emocional.

No que piense exactamente igual.

Regla Nº 5

Reparar vale más que ganar.

Ésta probablemente sea mi favorita.

Hay parejas que terminan una discusión y pasan tres días sin hablarse.

Otras esperan que sea el otro quien pida perdón.

Algunas hacen de cuenta que nunca pasó nada.

Y así se va acumulando un pequeño museo de heridas silenciosas.

Las parejas emocionalmente sanas hacen algo diferente.

Reparan.

A veces con una sonrisa.

Con una caricia.

Con un abrazo.

Con un:

«No quería lastimarte.»

O simplemente con un:

«Empecemos de nuevo.»

Los especialistas llaman a esto intentos de reparación: pequeños gestos o frases que frenan la escalada del conflicto y ayudan a recuperar la conexión antes de que el resentimiento gane terreno. Las investigaciones muestran que las parejas que los hacen —y también las aceptan— tienen más posibilidades de sostener relaciones satisfactorias a largo plazo.

No hace falta una escena de película.

Hace falta humanidad.

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Lo que nunca deberíamos hacer

Hay algunas conductas que parecen inofensivas.

Pero lastiman muchísimo.

Humillar.

Ridiculizar.

Comparar.

Traer discusiones de hace diez años.

Amenazar con separarse en cada pelea.

Ironizar cuando el otro está vulnerable.

Ignorar durante días.

Ninguna discusión merece semejante precio.

Porque las palabras tienen memoria.

Y hay frases que pueden olvidarse…

Pero nunca dejan de doler.

Mi reflexión final

Quiero dejarte una idea que para mí resume todo.

Las mejores parejas no son las que nunca discuten.

Son las que aprendieron a volver a encontrarse después de hacerlo.

Discutir no rompe un vínculo.

Lo rompe la indiferencia.

Lo rompe el desprecio.

Lo rompe la falta de empatía.

Y también lo rompe esa necesidad permanente de querer ganar.

A veces, en una pareja, ganar una discusión significa perder un poco de la relación.

Y sinceramente…

¿De qué sirve tener razón si terminamos sintiéndonos solos?

Soy Susana Leroux, especialista en relaciones, y si hay algo que aprendí escuchando cientos de historias de amor es que las parejas más fuertes no son las que viven sin conflictos.

Son aquellas que, incluso después de una pelea, todavía pueden mirarse a los ojos y decirse:

«Estamos del mismo lado. El problema no somos nosotros. El problema es el problema.»

Y cuando eso sucede, la discusión deja de ser una amenaza para convertirse, muchas veces, en una oportunidad para crecer juntos. ❤️

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