
Ezequiel Ingrassia —sin hacer mucho ruido, pero con paso firme— ya se anotó en la lista de los que la pantalla los agarra y no lo suelta más..
Porque lo suyo no fue entrar a un reality y desaparecer como figurita difícil. No, señor. El pibe entendió el juego. Como diría el Coco Basile: “hay que saber en qué momento gambetear y en cuál meter el pase”. Y él, hasta ahora, viene metiendo asistencias.
Arrancó en Love is Blind Argentina, ese experimento moderno donde el amor se cocina sin verse la cara, medio como comprar por catálogo en los ‘90 pero con drama incluido. Ahí, Ezequiel mostró algo que no abunda: perfil bajo con presencia, carisma sin gritarlo y una autenticidad que, en un mundo lleno de pose, vale oro.
Porque viste cómo es esto: muchos entran queriendo ser personajes… y él entró siendo persona. Y eso, en la tele, garpa.
Pero lo interesante vino después. Porque cuando se apagan las cámaras del reality, empieza el verdadero partido. Y ahí es donde varios quedan offside. No fue su caso.

De la cápsula al streaming: el salto sin red
Hoy, Ezequiel se sienta en la mesa de Nadie Nos Conoce, el programa del inquieto Colo Vila. Y ojo con esto, porque el Colo no es ningún improvisado: tiene ese olfato de productor de barrio que sabe cuándo hay madera.
Dicen que los grandes detectan diamantes en bruto… y parece que acá hubo ojo clínico.
El Colo le abrió la puerta y Ezequiel hizo lo que hay que hacer: entrar y no pedir permiso.
En el streaming se lo ve suelto, más filoso, con timing. Ya no es el pibe del reality: es un tipo que opina, que juega, que se anima. Como diría la tribuna: “se soltó la melena”.
Y eso en el ecosistema actual es clave. Porque hoy no alcanza con haber sido “el de tal programa”. Tenés que sostenerla. Y él la está sosteniendo.
De la charla al fútbol: meterse en la cancha brava
Pero la historia no termina ahí. Porque Ezequiel también se metió en otro terreno donde no cualquiera se anima: el fútbol y la opinión.
Se sumó como columnista en Tiempo Extra, el programa de El Chino Dangelo, en el canal «Somos».

Y acá hay que frenar la pelota. Porque el Chino no regala minutos al aire. Es de esos que manejan el timón con firmeza, que entienden el ritmo televisivo y que, como buen capitán, sabe a quién subir al barco.
Tiempo Extra es fútbol, análisis, picante. No es un living de café con medialunas. Y sin embargo, Ezequiel entró sin pedir VAR. Opinando, sumando, sin querer hacerse el periodista de golpe. Con respeto, pero con personalidad.
Porque como decía el Bambino: “la base está”. Y cuando la base está, el resto se construye.
Virtudes de un pibe que entendió el juego
Ezequiel Ingrassia tiene algo que no se compra ni se aprende en un curso de coaching:
Naturalidad (que hoy es más escasa que el vuelto en el bondi)
Presencia sin necesidad de sobreactuar
Capacidad de adaptación (del reality al streaming y al fútbol sin marearse)
Y, sobre todo, algo muy argentino: saber ubicarse sin achicarse
No es poco. Porque en este medio, el que se la cree antes de tiempo… se la dan contra la pared.
Él, en cambio, parece ir paso a paso. Como dice la calle: “despacio que estoy apurado”.
El veredicto del Archivólogo
En tiempos donde todos quieren ser famosos en 15 minutos y después no saben qué hacer con eso, Ezequiel Ingrassia está haciendo lo más difícil: convertir exposición en carrera.
No es el grito, no es el escándalo, no es el personaje inflado.
Es constancia, oportunidad bien aprovechada y cabeza.
El Colo Vila vio algo y apostó.
El Chino Dangelo le dio cancha y lo puso a jugar.
Y él… respondió.
Porque al final del día, como decía el Diego:
“Lástima no se le tiene a nadie, maestro.”
Y este pibe, por ahora, la está jugando bien.
Sin firuletes innecesarios.
Sin vender humo.
Archivado queda: Ezequiel Ingrassia, de promesa mediática a jugador en ascenso.
Y ojo… que esto recién arranca.
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