
POR CRISTIAN IUALE – DIUCKO DIGITAL
En la Fórmula 1 no hay tiempo para la nostalgia ni para las palmaditas en la espalda. Acá manda el cronómetro, el talento… y la billetera bien puesta. Y Alpine lo dejó clarísimo: Jack Doohan se queda sin butaca y Franco Colapinto se asegura su lugar en la temporada 2026. Fin del comunicado, arranque del runrún y chau chau adiós.
El anuncio cayó como baldazo de agua fría para el australiano, aunque –seamos sinceros– hacía rato que el clima en el box estaba más tenso que final Boca–River con VAR dudoso. Alpine confirmó que llegó a un “acuerdo mutuo” para cortar el vínculo con Doohan. Mutuo las pelotas: cuando te muestran la puerta y te dicen “después hablamos”, ya está todo hablado.
Mientras tanto, Colapinto sigue, y no por simpatía ni por marketing. Sigue porque cuando se subió al auto no achicó, no se mareó con el circo y manejó como maneja el argentino cuando huele oportunidad: con hambre, con cabeza y sin pedir permiso. Como diría el Diego, “la pelota no se mancha”, y el talento tampoco.
Doohan, que venía de la academia Alpine y debutó allá por Abu Dhabi 2024, nunca terminó de convencer. Correcto, prolijo, educado… pero la F1 no es un té con masas. Acá necesitás picante, carácter y ese no sé qué que te hace ir a fondo cuando otros levantan. Y ahí Franco sacó ventaja.
El comunicado de Alpine fue elegante, bien francés, lleno de palabras lindas y agradecimientos. Pero abajo de esa prosa perfumada está la verdad cruda: había uno solo que podía quedarse. Y ese fue Colapinto. El resto es cotillón.
Doohan ahora apunta a la Súper Fórmula japonesa, con Kondo Racing y motor Toyota. Buen plan, buen auto, buen futuro… pero lejos del circo mayor. Porque la F1 es otra cosa. Es gloria o silencio. Y hoy, el ruido lo hace un pibe de Pilar que se metió en la mesa grande sin pedir la sal.
En el paddock lo saben. En Alpine también. Colapinto no está de paso. No vino a “ver qué onda”, vino a quedarse. Y mientras algunos recalculan la carrera, Franco acelera.
Como decía el Flaco Traverso: “correr es correr, lo demás es verso”.
Y en esta historia, el verso se bajó del auto. El que sigue acelerando es argentino. 🇦🇷🏁
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