
Hay temas que en la Argentina pueden cambiar de temperatura política en cinco minutos, pero hay uno que atraviesa generaciones, gobiernos y grietas: Malvinas. Y este martes 1° de septiembre volvió a instalarse con toda la fuerza en la agenda después de una declaración de Donald Trump que el Gobierno de Javier Milei leyó como una señal diplomática de enorme peso.
El Presidente aseguró que existen “avances diplomáticos” en torno al reclamo argentino por la soberanía de las islas y decidió subir todavía más la apuesta: este jueves a las 21 hablará por cadena nacional para explicar los movimientos de Cancillería y la nueva situación abierta a partir de las palabras del mandatario estadounidense. Hasta ahí, protocolo, alfombra roja y lenguaje diplomático. Pero en Balcarce 50 saben perfectamente que el asunto viene cargado de pólvora política.
Trump fue consultado en la Casa Blanca sobre si Estados Unidos estaba revisando su histórica posición respecto de las Malvinas y respondió que revisa “todas las posiciones”, dejando abierta una puerta que hasta hace poco parecía bastante cerrada. No prometió reconocer la soberanía argentina ni anunció un volantazo formal de Washington. Conviene decirlo porque, como decía el General, “la única verdad es la realidad”, y acá todavía nadie está devolviendo las llaves de las islas. Pero semejante frase pronunciada por el presidente norteamericano alcanzó para mover el tablero.
Milei no dejó pasar la pelota. Antes de la reunión de Gabinete sostuvo que había ocurrido “algo muy fuerte” alrededor de la que definió como la causa más sagrada de los argentinos. Durante el encuentro, el canciller Pablo Quirno presentó un informe sobre los movimientos diplomáticos que viene realizando la Argentina y allí se resolvió que el Presidente explicará públicamente el tema el jueves.
Del otro lado del océano, naturalmente, no descorcharon champagne. El gobierno británico salió rápidamente a marcar territorio y aseguró que su compromiso con los habitantes de las islas continúa siendo “inquebrantable”. Traducido del exquisito inglés diplomático al castellano de Avenida Corrientes: “muchachos, no se entusiasmen tanto”. Londres insiste además en que no discutirá la soberanía mientras los isleños manifiesten su voluntad de seguir bajo administración británica.
Lo verdaderamente novedoso está en Washington. Estados Unidos fue históricamente un aliado estratégico fundamental del Reino Unido y cualquier modificación, siquiera discursiva, en su postura sobre Malvinas tendría impacto internacional. El exembajador argentino Diego Guelar sostuvo que un cambio estadounidense podría debilitar considerablemente la posición británica. Y ahí aparece aquello de que “cuando el río suena, agua trae”: todavía no hay giro formal, pero por primera vez en mucho tiempo la conversación dejó de parecer una fotografía congelada.
También hay detrás una trama geopolítica bastante menos romántica. Según información publicada originalmente por The Telegraph, sectores del Pentágono habrían considerado utilizar la posición estadounidense respecto de Malvinas como elemento de presión para que Gran Bretaña eleve su gasto militar dentro de la OTAN. Es decir: además de soberanía, historia y diplomacia, hay dólares, Defensa y negociación entre potencias. Porque en política internacional nadie regala ni la hora, muchísimo menos unas islas.
Para Milei, que construyó una relación especialmente cercana con Trump, el episodio representa una oportunidad política enorme. Si consigue transformar aquella afinidad personal en algún avance verificable para la posición argentina, podrá mostrar algo bastante más contundente que una buena foto en Washington. Pero entre una declaración auspiciosa y un cambio concreto existe un trecho enorme. Como diría Mirtha, “el público se renueva”, pero la historia de Malvinas también enseña que los argentinos ya escucharon demasiadas promesas.
Por eso el jueves habrá que escuchar cada palabra. Sin triunfalismo prematuro, pero tampoco haciéndose los distraídos: algo se movió.
Y tratándose de Malvinas, cuando una de las principales potencias del planeta empieza aunque sea a correr una silla del tablero, acá paramos la oreja todos.
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