Hay noticias que uno escribe y hay noticias que cuesta escribir. Esta es de las segundas. Lionel Messi anunció este lunes 31 de agosto su retiro de la Selección Argentina. Tiene 39 años, 207 partidos con la celeste y blanca, 125 goles y una colección de imágenes que ya forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones. El mismo tipo al que durante años le preguntamos cuándo iba a jugar “como en Barcelona” terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más grandes que tuvo la camiseta argentina. Somos así: primero le pedimos documento, después no queremos dejarlo ir.
Messi se baja de la Selección luego del Mundial 2026, su sexta Copa del Mundo. Argentina llegó otra vez a la final, pero esta vez no hubo Lusail ni cuento perfecto: España ganó 1-0 en tiempo suplementario y dejó a Leo a un paso de otra vuelta olímpica. Fue su último Mundial y finalmente también su último torneo con Argentina. No tuvo despedida con copa levantada, pero a esta altura exigirle además un final cinematográfico hubiese sido de una voracidad bastante argentina.
Su historia con la Selección tuvo de todo. Debutó siendo casi un chico, cargó durante años con la comparación imposible con Diego Maradona y perdió finales que parecían perseguirlo: el Mundial de Brasil 2014 y las Copas América de 2015 y 2016. Después de aquella última derrota incluso anunció que se iba. Volvió. Y menos mal. Porque todavía faltaba la mejor parte de la película.
En 2021 llegó la Copa América en el Maracaná frente a Brasil. Fue el desahogo. En 2022 apareció Qatar y ocurrió lo que durante décadas había parecido escrito para algún universo paralelo: Messi campeón del mundo con Argentina. Y todavía quedó nafta para conquistar otra Copa América en 2024. Aquella relación torcida entre Leo y buena parte del público argentino terminó convertida en devoción popular. El hombre que alguna vez escuchó que “no sentía la camiseta” terminó llorando abrazado a ella.
Y existe un detalle que hace todavía más extraño este lunes: Messi no se retira del fútbol. Apenas un día antes de conocerse su decisión había metido cuatro goles y una asistencia en el 7-1 de Inter Miami ante Montreal. A los 39 sigue haciendo cosas que para el resto de los mortales requerirían joystick, nivel principiante y probablemente algún truco. Su despedida es de la Selección, no de la pelota.
Quedarán los goles, naturalmente. Pero también quedan otras cosas: Messi sentado mirando el césped después de perder, Messi insultando frente a una cámara en Qatar, Messi levantando la Copa, Messi con Antonela y sus hijos dentro de una cancha, Messi abrazado a Di María, Messi con Scaloni, Messi volviendo una y otra vez cuando hubiese sido mucho más sencillo mandar todo al demonio.
Porque tal vez ése sea el dato más fuerte de su carrera argentina. No fue solamente ganar. Fue quedarse.
Le pegamos, lo comparamos, desconfiamos, lo declaramos pecho frío, le reclamamos que cantara el himno, que gritara más, que fuera otro. Hasta que un día entendimos algo bastante elemental: no necesitábamos otro Maradona.
Teníamos a Messi.
Y ahora que se va aparece esa sensación tan nuestra, esa que llega cuando termina el partido y uno se queda sentado un rato más mirando la cancha vacía.
Gracias, Leo.
Al final, como dice la calle, no sabíamos lo que teníamos hasta que llegó el momento de despedirlo.
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