
Hay parejas que se separan por una infidelidad, por una mentira o porque un día descubren que ya no quieren lo mismo.
Y hay otras que se van apagando de una manera muchísimo menos cinematográfica: por aburrimiento.
No hay escándalo. No vuelan platos. Nadie bloquea a nadie. Simplemente un día te das cuenta de que hace meses las conversaciones son sobre qué hay que comprar, quién paga la tarjeta, qué se come a la noche y quién se olvidó de sacar turno para el dentista.
Romántico como una reunión de consorcio.
La rutina no siempre significa que el amor terminó. A veces significa algo bastante más sencillo: dejamos de prestarle atención.
Una pareja también necesita experiencias nuevas. No necesariamente viajar a París ni alquilar una cabaña frente a un lago porque Instagram decidió que así se ama correctamente. A veces alcanza con salir del libreto.
La idea original que inspira esta columna propone justamente eso: recuperar experiencias compartidas, desde cocinar juntos o hacer un viaje corto hasta pasar un día sin tecnología, caminar de noche, tomar una clase o redescubrir la propia ciudad.
Y yo agregaría algo.
No hagan estos planes para “salvar la pareja”.
Háganlos para recordar por qué se eligieron.
1. VÁYANSE A UN LUGAR SIN DEMASIADO PLAN
No hace falta Ezeiza.
Agarren el auto un sábado y manejen.
San Antonio de Areco, Chascomús, San Pedro, algún pueblito perdido donde haya una plaza, una estación vieja y un bar que todavía sirva papitas con la cerveza.
Un viaje corto cambia el escenario y, a veces, cambiar el escenario hace que también cambie la conversación.
La propuesta de hacer escapadas y road trips aparece varias veces entre las actividades sugeridas para romper la rutina.
2. COCINEN ALGO QUE NINGUNO SEPA HACER
No vale uno cocinando y el otro mirando TikTok.
Los dos.
Puede salir espectacular o pueden terminar pidiendo empanadas a las once de la noche.
Da exactamente lo mismo.
El objetivo no es ganar MasterChef.
Es hacer algo juntos.
La cocina compartida aparece entre las primeras recomendaciones de la lista original precisamente porque obliga a colaborar, improvisar y compartir un momento cotidiano de otra manera.
3. UNA NOCHE SIN CELULAR
Esta debería venir con sirena de emergencia nacional.
Dejen los teléfonos en otra habitación.
No arriba de la mesa boca abajo porque eso es trampa. Todos sabemos que cada vibración genera una abstinencia digna de documental.
Una noche.
Cena, vino, música.
Y conversación.
La propuesta de dedicar un día sin tecnología busca justamente recuperar la atención puesta exclusivamente en el otro.
Puede ocurrir algo estremecedor:
quizás descubran que todavía tienen cosas para contarse.
4. VUELVAN A SALIR COMO CUANDO RECIÉN SE CONOCÍAN
Producción incluida.
Nada de “me pongo cualquier cosa total ya me conoce”.
No, corazón.
Arreglate.
Perfume.
Camisa.
Vestido.
Reservá algún lugar lindo.
Y cuando se encuentren, mírense como si no compartieran hace ocho años la contraseña de Netflix.
Una cena elegante en un lugar desconocido también aparece entre los planes recomendados para salir de la cotidianeidad.
Porque seducirse después de años juntos debería ser una obligación sentimental.
5. HAGAN ALGO EN LO QUE LOS DOS SEAN MALOS
Cerámica.
Tango.
Pintura.
Cocina japonesa.
Patinaje.
No importa.
Lo interesante es aprender juntos.
Hay algo muy sano en ver a la persona que amás intentando hacer una vasija y produciendo algo parecido a un cenicero de jardín de infantes.
Las actividades y cursos compartidos aparecen repetidamente en la propuesta original, incluyendo clases de pintura, cocina y baile.
Reírse juntos sigue siendo uno de los mejores pegamentos afectivos inventados por la humanidad.
6. REDESCUBRAN BUENOS AIRES
Tenemos una costumbre bastante porteña: viajar miles de kilómetros para caminar ocho horas por Roma y después protestar porque estacionamos a cuatro cuadras de un restaurante en Palermo.
Salgan a caminar su propia ciudad.
San Telmo.
Barracas.
Belgrano.
Villa Devoto.
Recoleta.
Chacarita.
Busquen una librería rara. Entren a un café antiguo. Visiten un museo. Caminen sin destino.
Redescubrir la propia ciudad aparece precisamente como una manera de observar lugares conocidos desde otra perspectiva.
Y puede pasar algo hermoso: que mientras vuelven a mirar la ciudad, también vuelvan a mirarse ustedes.
7. VEAN UN AMANECER JUNTOS
Sí.
Hay que levantarse temprano.
Una tragedia.
Pero al menos una vez háganlo.
Mate, café, termo, auto y algún lugar donde el horizonte tenga permiso para aparecer.
La lista original incluye contemplar un amanecer como una de esas experiencias simples capaces de convertirse en recuerdos especiales.
Hay momentos que después duran mucho más que el momento.
8. HAGAN UN PICNIC
Manta.
Sándwiches.
Una botella de vino.
Fruta.
Algo dulce.
No hace falta montar una producción de Pinterest con almohadones blancos y veinte velas porque después viene una ráfaga de viento y termina todo en Vicente López.
Simple.
El picnic aparece entre los planes económicos precisamente porque cambia el ambiente sin necesitar demasiado presupuesto.
El lujo, algunas veces, es tener tres horas sin mirar el reloj.
9. VAYAN A UN CONCIERTO
Aunque no sea “su” banda.
Aunque tengan que estar parados.
Aunque después les duelan las rodillas.
La música tiene algo maravilloso: convierte una noche común en un recuerdo.
Y las parejas necesitan recuerdos.
La experiencia de asistir juntos a un recital figura entre esas actividades capaces de generar emoción compartida.
Dentro de algunos años quizás no recuerden qué cenaron esa semana.
Pero probablemente recuerden esa canción.
10. HAGAN UNA NOCHE DE HOTEL EN SU PROPIA CIUDAD
Esto me encanta.
Porque tiene algo ligeramente absurdo y, justamente por eso, funciona.
Hotel.
Una noche.
A veinte minutos de casa.
Sin lavar ropa. Sin ordenar. Sin platos. Sin computadora.
El documento propone justamente una noche de hotel en la propia ciudad como una pequeña desconexión de la rutina.
A veces no necesitás vacaciones.
Necesitás 24 horas sin obligaciones.
11. ESCRÍBANSE UNA CARTA
A mano.
No WhatsApp.
No emoji.
No “te amo bb ❤️”.
Una carta.
Decile qué admirás.
Qué recordás.
Qué te sigue provocando ternura.
Qué momento no querés olvidar nunca.
Las notas y cartas afectivas aparecen entre las propuestas para mantener vivos los pequeños gestos.
Hay palabras que dichas pasan.
Escritas quedan.
12. HAGAN ALGO QUE HACÍAN AL PRINCIPIO
¿Tenían un bar?
¿Una plaza?
¿Un restaurante?
¿Una heladería?
¿Una esquina?
Vuelvan.
Sentarse en el lugar donde empezó una historia puede ser una máquina del tiempo bastante eficiente.
Porque recordar quiénes éramos también ayuda a entender quiénes somos ahora.
13. MIREN LAS ESTRELLAS
Salgan un poco de la ciudad.
Llévense una manta.
Apaguen los celulares.
Acuéstense.
Y miren.
Nada más.
La contemplación del cielo nocturno figura entre las propuestas románticas precisamente por generar un espacio de silencio y conversación compartida.
En una época en la que todos miramos permanentemente una pantalla de quince centímetros, mirar algo infinito empieza a parecer revolucionario.
14. DÉJENSE ESPACIO
Este consejo quizás sea el más importante.
No hagan absolutamente todo juntos.
La lista también incluye la necesidad de darse libertad y mantener momentos individuales.
Porque una pareja sana no son dos personas convertidas en una.
Son dos personas completas que deciden encontrarse.
Tené tus amigos.
Tus planes.
Tus silencios.
Tus intereses.
Extrañarse un poco tampoco mató nunca a nadie.
Al contrario.
15. INVENTEN UNA TRADICIÓN QUE SEA SOLAMENTE DE USTEDES
El primer sábado del mes.
Una cena.
Un viaje sorpresa cada aniversario.
Una película determinada cada invierno.
Un restaurante.
Una caminata.
Una botella de vino guardada para alguna fecha.
Lo que sea.
Las parejas también construyen identidad a través de pequeños rituales.
Dentro de veinte años probablemente esas costumbres sean las historias que terminen contando.
LA MIRADA DE VICTORIA FERRER
Tenemos una obsesión contemporánea bastante agotadora con encontrar “la persona correcta”.
Como si existiera alguien perfectamente diseñado para nosotros.
Spoiler: no existe.
Existe alguien con quien decidís construir.
Y construir incluye días espectaculares, domingos aburridos, discusiones ridículas, reconciliaciones, cansancio, deseo, cuentas, viajes, supermercados y cenas improvisadas.
El amor adulto no consiste en sentir mariposas todos los días.
Gracias a Dios, además. Sería insoportable vivir permanentemente en estado de taquicardia.
El secreto quizás esté en otra cosa.
En seguir teniendo curiosidad por la persona que duerme al lado.
Porque uno puede conocer a alguien durante veinte años y todavía descubrirle cosas.
La rutina no destruye necesariamente una pareja.
Lo peligroso es dejar de mirarla.
Así que hagan planes.
Salgan.
Pierdan un tren.
Equivóquense de restaurante.
Manejen hasta un pueblo sin señal.
Bailen mal.
Ríanse fuerte.
Besense en una esquina como cuando todavía no sabían si aquello iba a funcionar.
Y, sobre todo, no esperen estar mal para volver a elegirse.
Porque algunas relaciones no necesitan terapia.
A veces necesitan algo muchísimo más difícil:
apagar el celular, mirarse a los ojos y volver a conversar.
DIUCKO DIGITAL RADIO EN VIVO