ARGENTINA VS. SUIZA: LA SCALONETA QUE RESUCITÓ EN QUINCE MINUTOS FRENTE AL RELOJ SUIZO QUE NO SE ATRASA NUNCA

Escuchar esta noticia
Powered by Evolucion Streaming
x1

Messi llega encendido tras una remontada épica y enfrente espera un rival que convirtió la paciencia en un arte

ARGENTINA VS. SUIZA: LA SCALONETA QUE RESUCITÓ EN QUINCE MINUTOS FRENTE AL RELOJ SUIZO QUE NO SE ATRASA NUNCA

 

Por El Archivólogo

Hay partidos que clasifican a un equipo. Y hay partidos que pueden cambiarle el destino a un Mundial entero.

Argentina llega a los cuartos de final con el corazón todavía acelerado. No porque haya jugado un fútbol perfecto. Todo lo contrario. Porque estuvo al borde del abismo, con un pie afuera de la Copa del Mundo y la corona de campeón mundial deslizándose de las manos. Y cuando parecía que todo terminaba, apareció ese viejo ADN albiceleste que tantas veces convirtió la desesperación en hazaña.

Del otro lado espera una Suiza que hizo exactamente lo opuesto.

No necesitó una remontada.

No necesitó una noche épica.

Ganó con paciencia, con orden, con disciplina y con la sangre fría que caracteriza a los relojes que fabrica.

Dos caminos completamente distintos.

Un mismo objetivo.

Las semifinales del Mundial.

La noche de Atlanta quedará grabada durante mucho tiempo en la memoria de los argentinos. No por el sufrimiento, que ya parece una costumbre nacional. Sino porque la Selección protagonizó una de esas remontadas que alimentan la mística.

Egipto sorprendió desde el comienzo.

Presionó arriba.

Corrió cada pelota como si fuera la última.

Y golpeó primero.

El cabezazo de Yasser Ibrahim dejó muda a la hinchada argentina. Más tarde, el contragolpe culminado por Mostafa Zico parecía escribir el certificado de defunción del campeón del mundo.

A los 66 minutos, el marcador decía 2-0.

Y el Mundial empezaba a despedirse de la Scaloneta.

Messi, para colmo, había vuelto a fallar un penal. El segundo en este Mundial. El cuarto en su extraordinaria historia mundialista.

Parecía una de esas noches donde nada sale.

Donde el arco se achica.

Donde hasta la suerte decide mirar para otro lado.

Pero hay equipos que tienen fútbol.

Y otros que tienen alma.

Argentina sacó la segunda.

Cuando ya no quedaban argumentos tácticos, apareció el orgullo.

Messi empezó a flotar por la izquierda.

Scaloni movió el banco.

Los jugadores dejaron de pensar y empezaron a sentir.

Primero llegó el descuento de Cristian «Cuti» Romero.

Después apareció Messi empujando un rebote para el empate.

Y cuando Egipto todavía protestaba una acción polémica con Salah, Enzo Fernández sacó un cabezazo luego del centro de Lautaro Martinez que hizo explotar a toda la Argentina.

Tres goles.

Quince minutos.

Una resurrección.

Una de esas noches donde el campeón recordó por qué lleva la corona.

Porque el fútbol argentino tendrá defectos.

Podrá jugar bien o mal.

Pero jamás negocia la rebeldía.

Y cuando Messi decide ponerse el equipo sobre los hombros, todavía sigue siendo capaz de cambiar cualquier historia.

Ahora enfrente aparece una Suiza completamente distinta.

Los helvéticos eliminaron a Colombia sin hacer ruido.

Sin luces.

Sin estridencias.

Sin titulares grandilocuentes.

Pero con una eficacia admirable.

El empate sin goles durante ciento veinte minutos fue el reflejo perfecto de su identidad.

Orden.

Concentración.

Paciencia.

Kobel fue figura sosteniendo el cero en los momentos más complicados. La defensa neutralizó a Luis Díaz, James Rodríguez y compañía. Y cuando llegó la definición por penales, los suizos hicieron honor a su fama.

Fríos.

Precisos.

Sin temblores.

Ganaron 4-3 y se metieron entre los ocho mejores.

Es un rival peligrosísimo.

Porque nunca pierde el orden.

Porque rara vez se desespera.

Y porque sabe convertir los partidos largos en una batalla psicológica.

Argentina deberá tener mucho cuidado.

No encontrará los espacios que encontró ante otros rivales.

No habrá margen para regalar una hora de partido como ocurrió frente a Egipto.

Suiza no suele perdonar esos descuidos.

El gran duelo será mental.

Messi buscará romper líneas.

Mac Allister y Enzo intentarán acelerar la circulación.

Mientras tanto, Kobel aparece como uno de los arqueros más sólidos del campeonato.

Del otro lado, el Dibu Martínez seguramente volverá a jugar otro partido aparte.

Porque cuando una llave promete tanta paridad, siempre existe la sombra de los penales.

Y ahí Argentina sabe perfectamente que tiene un especialista.

Será un partido completamente distinto al de Egipto.

Mucho más cerrado.

Mucho más táctico.

Mucho más parecido a una partida de ajedrez.

Pero cuando Lionel Messi está de por medio… cualquier libreto puede romperse.

EL VEREDICTO DEL ARCHIVÓLOGO

La épica muchas veces fortalece más que una goleada.

Argentina llega golpeada físicamente, pero fortalecida anímicamente. Haber levantado un 0-2 en apenas quince minutos puede convertirse en ese envión emocional que cambia un campeonato entero.

Suiza representa exactamente el rival que nadie quiere enfrentar.

Ordenada.

Inteligente.

Paciente.

Incómoda.

Y con un arquero que atraviesa un momento extraordinario.

Sin embargo, hay una diferencia que pesa.

Cuando el partido entra en zona de definición, Argentina tiene algo que muy pocos equipos del planeta pueden mostrar.

Tiene a Lionel Messi.

Y mientras el diez siga caminando una cancha, siempre existirá la posibilidad de una genialidad.

El Archivólogo se la juega: será una batalla cerradísima. Suiza llevará el partido al límite, pero si Argentina consigue abrir el marcador primero, tendrá muchas posibilidades de volver a meterse entre los cuatro mejores del mundo. Eso sí… nadie descarte otro capítulo de sufrimiento. Porque esta Selección parece haber hecho un pacto con las emociones fuertes.

 

LA MESA DEL BAR DONDE EL FÚTBOL TAMBIÉN SABE HACER REÍR

En el bar ya es de noche. El mozo deja una picada sobre la mesa. Afuera pasa un colectivo haciendo sonar la bocina.

Carlitos Balá acomoda la servilleta, sonríe con esa ternura inconfundible y mira a todos como si estuviera rodeado de chicos.

—¿Qué gusto tiene la sal…? ¡Salaaaada! ¡Ea-ea-ea pe-pé! A ver, muchachos… este partido hay que jugarlo con alegría. Porque cuando uno entra triste a una cancha, la pelota también se pone triste. Y eso no puede pasar. Argentina tiene a Messi. ¿Saben qué? Ese muchacho agarra la pelota y es como cuando un chico abre un regalo. Nunca sabés qué maravilla va a salir. Un gestito por acá… un pase por allá… y ¡sumbudrule! Se terminó el problema.

Gerardo Sofovich sonríe de costado, y toma un sorbo de café.

—Carlitos… vos siempre le encontrás el lado simpático a todo. Pero esto no es un programa de entretenimientos. Acá se juega por millones de ilusiones. Y Suiza no vino a hacer turismo. Es un equipo serio. Ordenado. De esos que te esperan una hora y media para aprovechar un error.

Balá abre grande los ojos.

—Pero Gerardo… ¿sabés cuál es el secreto? La confianza. Si vos entrás pensando que el otro es mejor, ya empezaste perdiendo. Hay que hacer un gestito de idea… ¡y listo!

Sofovich levanta un dedo como si estuviera conduciendo uno de sus programas.

—No, no, no… las ideas son importantes, pero el fútbol también es estrategia. Hay momentos para atacar y momentos para esperar. Los grandes equipos entienden eso.

—¡Más rápido que un bombero…! ¡No afloje nunca! Argentina cuando se anima hace cosas maravillosas.

—Y cuando se desordena, también sufre. Lo vimos contra Egipto.

—Porque las emociones son parte del espectáculo.

—Y el equilibrio también.

—Messi hace sonreír a la pelota.

—Suiza la hace pensar.

—Argentina emociona.

—Suiza calcula.

—Uno juega con el corazón.

—El otro con la cabeza.

Balá ríe con ganas.

—¿Un gestito de ilusión…?

Sofovich sonríe.

—Y un poquito de inteligencia también.

El mozo acerca la cuenta.

Balá mira alrededor y lanza, pícaro:

—¿Hay un vampiro acá…? ¡No, porque me chuparon toda la plata!

El bar estalla en carcajadas.

Sofovich se acomoda el saco, mira la pantalla donde aparece Messi saludando al público y sentencia:

—Hay noches en las que el talento escribe el guion.

Balá levanta el pulgar.

—Y otras en las que el corazón se roba todos los aplausos.

Las luces del bar bajan lentamente.

En la televisión ya aparecen las imágenes de los cuartos de final.

Y como diría cualquier futbolero de ley, cuando juega Argentina nunca alcanza con mirar el resultado. Hay que prepararse para sentirlo.

Diseño sin título (13).png

Compruebe también

NORUEGA VS. INGLATERRA: EL VIKINGO QUE QUIERE CONQUISTAR EL MUNDO CONTRA EL REINO QUE SUEÑA CON VOLVER A REINAR

NORUEGA VS. INGLATERRA: EL VIKINGO QUE QUIERE CONQUISTAR EL MUNDO CONTRA EL REINO QUE SUEÑA CON VOLVER A REINAR

▶ Escuchar esta noticia Powered by Evolucion Streaming x1 Haaland desafía a Bellingham en un …

ESPAÑA VS. BÉLGICA: EL FÚTBOL DE LOS ELEGANTES CONTRA EL DE LOS MARTILLOS

ESPAÑA VS. BÉLGICA: EL FÚTBOL DE LOS ELEGANTES CONTRA EL DE LOS MARTILLOS

▶ Escuchar esta noticia Powered by Evolucion Streaming x1 Dos candidatos, una sola semifinal y …

Déjanos tu comentario