
Hay derrotas que duelen, pero más duelen las que no se admiten. Axel Kicillof salió al escenario en La Plata con cara de “me la empataron en el descuento”, pero con discurso de campeón moral. Como cuando tu equipo pierde 3 a 2 y el técnico dice “jugamos mejor, merecimos más”. Bueno, eso, pero con más chaleco sin mangas y menos goles.
Pasadas las 23, el profe subió al escenario del búnker de Fuerza Patria —ese lugar donde el aire olía a nervios y a choripán frío— y tiró la primera: “Milei se equivoca si festeja”. Claro, Axel, cómo no, si en Argentina hasta las derrotas son interpretables.
Con el 95% de las mesas escrutadas y La Libertad Avanza ganando por un puntito, Kicillof no habló de derrota, habló de “responsabilidad ajena”. Dijo que “ahora Milei tiene más responsabilidad”, como si fuera el típico amigo que pierde al truco y le grita al otro: “Bueno, ahora jugá vos si sos tan piola”.
En el escenario lo acompañaban Máximo Kirchner —con cara de “¿y ahora qué digo en el grupo de WhatsApp?”— y Sergio Massa, el eterno jugador que siempre calienta en la banda, listo por si el técnico lo llama… pero nunca lo llama.
Y entre agradecimientos y dedicatorias, Kicillof tiró la bomba vintage: “Cristina está injustamente presa y debería estar acá”. Sí, sí, la épica K siempre encuentra su cameo. Como diría un viejo militante de Puente Saavedra: “Nunca falta el recuerdo de la jefa, aunque sea en holograma”.
Después vinieron los clásicos: “caída de la actividad”, “cierres de empresas”, “el pueblo sufre”… el combo básico del discurso militante. Pero el toque poético llegó cuando dijo que el gobierno nacional “fue a pedirle a Estados Unidos auxilio y apoyo”. Axel, hermano, si algo nos enseñó la historia argentina es que cuando vas a pedirle guita al Tío Sam, te vuelve con un recibo y un manual de condiciones en inglés técnico.
El profe remató con otra joyita:
“El futuro no es de Milei, el futuro es del pueblo.”
Qué lindo suena, ¿no? Pero mientras tanto, el pueblo ya está haciendo cuentas para ver si llega al alquiler y si el kilo de pan deja de cambiar de precio más rápido que los memes de TikTok.
La postal final fue puro archivo dorado: militancia aplaudiendo, Axel levantando el puño, Máximo mascullando y Massa mirando el piso como quien piensa “¿y si vuelvo al Frente Renovador?”.
Lo cierto es que Axel no reconoció la derrota porque, como buen economista, prefiere esperar la segunda vuelta del Excel. Pero el dato duro es que perdió por un punto. Y en política, un punto es un mundo.
El pueblo bonaerense habló y eligió otra cosa, aunque el gobernador diga que fue “ajustado”. En el fondo, Kicillof se aferra a sus 16 diputados como el hincha que se va contento porque, al menos, “no nos golearon”.
Mientras tanto, en Balcarce 50, Milei abre una sidra y dice “yo no sé si festejar o seguir puteando al Banco Central”. Y en el medio, el país —ese que siempre va con delay entre la euforia y la desesperanza— sigue esperando que alguno empiece a gobernar sin tanto acting.
Como diría el General, “mejor que decir es hacer”. Pero parece que en la política argentina el verbo “hacer” cotiza menos que el peso blue.
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