Por El Archivólogo
Hay noticias que te pegan en un lugar raro. No en la cabeza. En el corazón. En esa parte donde guardamos canciones, programas de televisión, noches de verano y recuerdos que parecían archivados para siempre.
Esta semana se conoció la muerte de Manolo Arjona, uno de los fundadores de la mítica banda española Locomía. Tenía apenas 58 años y falleció de manera inesperada en Viladecans, Barcelona.
Según relataron sus allegados, había pasado la tarde pintando, una de sus grandes pasiones. Después se acostó a descansar. Y ya no despertó.
Y de golpe, para miles de argentinos, volvieron las imágenes de una época donde los abanicos gigantes, los hombros imposibles, las coreografías extravagantes y esos himnos pegadizos convertían a Locomía en un fenómeno cultural que iba mucho más allá de la música.
Porque Locomía no era solamente una banda.
Era una postal de una época.
Era cuando en la televisión todavía existían los eventos. Cuando toda la familia veía el mismo programa. Cuando los artistas llegaban a la Argentina y terminaban convertidos en personajes de la casa.
Si cerrás los ojos, seguramente escuchás la melodía.
«Locomía, rumba, samba, mambo…»
Y automáticamente aparecen los abanicos.
Aparecen los pantalones anchos.
Aparece Ibiza.
Aparecen los estudios de televisión de fines de los ’80 y principios de los ’90.
Aparece esa Argentina que vivía entre la explosión del espectáculo y la llegada de los fenómenos internacionales que revolucionaban la pantalla.
La historia había comenzado en 1983 en Ibiza, cuando Manolo Arjona, junto a Xavier Font, Luis Font y Gard Passchier, empezó a darle forma a una idea que terminaría convirtiéndose en un fenómeno global.
Lo que vino después ya es historia.
Discos exitosos.
Giras internacionales.
Fanáticos en toda Latinoamérica.
Invitaciones de gigantes como Freddie Mercury y David Bowie.
Y una estética que rompió todos los moldes.
En una época donde la palabra «viral» ni siquiera existía, Locomía ya era viral.

Los que peinan canas lo recuerdan perfectamente.
Las visitas de Locomía a la Argentina eran verdaderos acontecimientos.
Los estudios de televisión explotaban.
Las adolescentes se agolpaban detrás de las vallas.
Los programas competían por tenerlos.
Y ahí aparece una historia poco conocida que hoy cobra un valor enorme.
El empresario de medios y titular de Diucko Digital Multimedios, Alejandro Nizzero, recibió con profundo dolor la noticia del fallecimiento de Manolo.
Muchos años antes de convertirse en productor y referente de medios, Nizzero trabajaba en la dirección de distintos programas de televisión durante los años dorados de Canal 9, en la época de Alejandro Romay.
Por aquellos años, cuando Locomía desembarcaba en Buenos Aires y comenzaba a conquistar al público argentino, los integrantes del grupo encontraban en Alejandro una figura de confianza.
Entre grabaciones, ensayos, corridas de pasillo y jornadas eternas de televisión, los artistas buscaban muchas veces sus consejos.
El vínculo se fue construyendo naturalmente.
Con respeto.
Con afecto.
Con esa amistad silenciosa que muchas veces nace detrás de cámaras.
Hoy, al conocer la noticia, Nizzero no pudo ocultar su tristeza.
«Manolo era una persona luminosa. Tenía una energía especial y una enorme sensibilidad artística. Lo recuerdo con una sonrisa permanente, con sueños gigantes y con una humildad que no era común en figuras tan populares. Compartimos momentos muy lindos cuando Locomía comenzaba a enamorar a la Argentina. La vida nos llevó por caminos distintos, pero nunca olvidé su calidad humana. Hoy siento una profunda tristeza. Se fue un artista enorme, pero sobre todo una gran persona. Su luz va a seguir brillando cada vez que alguien escuche una canción de Locomía o abra un abanico recordando aquellos años mágicos. Buen viaje, querido Manolo».
Las vueltas de la vida hicieron que los caminos profesionales se bifurcaran.
Cada uno siguió construyendo su historia.
Pero los afectos verdaderos no entienden de calendarios.
Y cuando una noticia así golpea, vuelven los recuerdos.
Las redes oficiales de Locomía publicaron un mensaje que conmovió a los fanáticos.
«Hoy se ha apagado una parte de nuestro corazón».
Una frase simple.
Pero que resume perfectamente lo que representaba Manolo para la historia del grupo.
Porque muchas veces la gente recuerda al artista.
Al personaje.
Al ícono.
Pero detrás de aquellos abanicos gigantes había personas que soñaban, trabajaban y peleaban por hacer realidad una idea que parecía imposible.
Manolo fue una de esas piezas fundamentales.
Uno de esos nombres que quizás no siempre ocupaba la tapa de las revistas, pero que ayudó a construir una marca cultural que atravesó generaciones.
Hay artistas que mueren.
Y hay artistas que se convierten en recuerdo colectivo.
Manolo Arjona pertenece a esa segunda categoría.
Porque cada vez que vuelva a sonar «Locomía», cada vez que alguien recuerde aquellas tardes frente al televisor, cada vez que aparezca una foto de los abanicos más famosos de la historia del pop, ahí estará él.
Como una imagen congelada en el tiempo.
Como un pedazo intacto de los años dorados.
Como esos recuerdos que, por más que pasen las décadas, nunca dejan de bailar.
Y mientras miles de fanáticos en España, Argentina y toda Latinoamérica lo despiden, queda flotando una certeza.
Los abanicos podrán cerrarse.
Las luces podrán apagarse.
Pero hay fenómenos que jamás abandonan el escenario.
Hasta siempre, Manolo.
Porque como diría una frase bien argentina, de esas que sobreviven a todas las modas:
«La gente se va… pero los recuerdos quedan para siempre.» ❤️

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