Por Eli B. | Especial para Diucko Loop Multimedio
Hay amores que llegan como tormenta y otros que se van sin ruido. Pero hay uno peor: el que se queda a mitad de camino.
El que te quiere, pero no puede.
El que te dice “te amo”, pero no hace nada para quedarse.
Ese amor que duele sin gritar, que se apaga sin explicación, y que te deja mirando el celular como si ahí pudiera aparecer una respuesta que no llega.
Ahí, en ese vacío elegante del “te quiero, pero no alcanza”, empieza el duelo más moderno y silencioso: el de los vínculos que no terminan… pero tampoco siguen.
Nos vendieron la idea de que el amor todo lo puede. Que si hay amor, el resto se acomoda. Pero no.
A veces el amor no alcanza.
Porque uno crece y el otro no.
Porque uno siente y el otro evita.
Porque uno lucha y el otro mira.
Hoy el amor ya no es refugio: es espejismo.
Lo ves, lo tocás, lo sentís, pero cuando querés sostenerlo… se te deshace entre los dedos.
La inmediatez nos volvió ansiosos y desechables. Queremos vínculos con entrega, pero sin esfuerzo. Amor eterno, pero con tiempo libre. Afecto, pero sin vulnerabilidad.
Y así, de tanto miedo a sufrir, terminamos sufriendo igual. Solo que en silencio, y con filtro.
El nuevo amor no promete: entretiene.
Llega rápido, prende fuego y se va cuando hay que ponerle nombre.
Y ahí quedás vos, intentando entender qué pasó, cuando en realidad lo que pasó fue que el otro nunca estuvo del todo.
La gente ya no corta: se desvanece.
Ya no te deja: te deja en visto.
Ya no enfrenta: se desconecta.
Y entre tanto miedo a la entrega, el amor se volvió un deporte de alto riesgo emocional.
Nos da miedo amar porque sabemos que puede doler.
Nos da miedo quedarnos porque sabemos que podemos perder.
Nos da miedo soltarnos porque ya nadie promete sostenerte si caés.
Hay algo profundamente digno en aceptar que el amor no alcanza.
Es dejar de mendigar migas cuando querías una mesa servida.
Es entender que el amor no debería doler tanto.
Y que cuando duele todos los días, ya no es amor: es desgaste.
Ser feliz hoy es tener el coraje de mirar la realidad de frente y decir:
“Te quiero, pero no me alcanza con quererte.
Porque necesito paz.
Y con vos, no la tengo.”
Eso no es frialdad.
Eso es madurez.

Ser feliz hoy es aprender a vivir sin finales felices.
Es entender que hay historias que se terminan aunque todavía haya amor.
Es aceptar que no todo lo que amás te hace bien.
La felicidad no es estar en pareja.
Es no necesitarla para sentirte completo.
Es dormir tranquila, aunque la cama esté vacía.
Es saber que no tenés que convencer a nadie de quedarse.
🖋️ Reflexión final de Eli B.
El amor ya no salva.
Nos salva la lucidez de no insistir donde ya no hay lugar,
nos salva la dignidad de no quedarnos donde no nos eligen,
y nos salva la valentía de seguir creyendo,
incluso cuando el amor ya no alcanza.
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