
Quién lo hubiera dicho, ¿no? La chica que empezó desfilando entre lentejuelas y coronas en Corrientes ahora desfila por los pasillos del Congreso. Virginia Gallardo, la ex de Ricardo Fort, la ex panelista, la ex vedette y ahora flamante diputada nacional, le dio un cachetazo al prejuicio y entró al ring político sin despeinarse.
El batacazo llegó en las legislativas: a un punto del primer puesto, la rubia se metió en el Congreso por La Libertad Avanza, dejando a más de uno con la mandíbula por el suelo y el timeline lleno de memes. Pero lejos de esconderse, Virginia agarró el micrófono y tiró:
“Yo crecí con la crítica. Me expuse a la votación popular toda mi vida.”
¡Touché! La chica tiene razón. Porque si sobreviviste al Bailando, al archivo de Fort y a las redes sin filtro, ¿qué te puede hacer un pasillo del Congreso?
Con mate en mano y sonrisa de Miss Simpatía, Gallardo explicó que lo suyo fue “tan vertiginoso como la Argentina en la que vivimos”. Y sí, porque de un día para el otro pasó de panelista a candidata, y de candidata a diputada. Un ascenso meteórico que ni Charly García en los ‘80.
Pero lo más jugoso vino después. Cuando le preguntaron por los haters que le dicen “sin cerebro”, Virginia los dejó hablando solos:
“Yo lo tomo como aprendizaje para los demás. Si no tenés buenas intenciones, ¿qué hacés en este mundo?”
¿Viste cuando alguien te la clava con una frase de autoayuda, pero con filo político? Bueno, eso.
Y de paso, se diferenció de los políticos de manual: cero asesores, campaña austera, cero aparato. Dijo:
“No tengo equipo. Cero. Fue un milagro.”
Un milagro, dice. Pero lo cierto es que el voto correntino la bancó. Porque Gallardo, más allá del glitter, tiene calle. Caminó su provincia, la conoció desde los reinados de belleza hasta los sets de TV, y ahora la representa con tacos, temple y una fe que no le entra en la cartera.

Entre risas, confesó que su hija Martu “estaba harta de ver a Milei en la tele”, pero que le explicó que estaba trabajando “para mejorar las cosas”. Nada mal para una nena que ahora puede decir que su mamá es diputada.
Y hablando de Milei, Virginia fue clara:
“Lo que me hicieron a mí no es nada al lado de lo que le hicieron a él. Si él no baja los brazos, nosotros tampoco.”
Ahí la tenés. La ex del “Comandante” Fort, la de los programas de chimentos, ahora hablando de libertad, esfuerzo y responsabilidad cívica. Un recorrido que ni los libretos de Cris Morena se animaron a escribir.
Como diría Fort desde el más allá (o desde el cielo de los realities):
“¡Virginia, lo lograste, mi amor! Sos la más.”
Y sí, querido Ricardo… tu ex pasó de los flashes del teatro a los flashes del Congreso.
Y esta vez, la banca la ganó votando, no bailando.

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