Una bomba con perfume importado explotó en el corazón de una de las familias más reconocidas del espectáculo argentino. Tini Stoessel habría ordenado una auditoría para conocer cómo fue administrado el patrimonio construido durante más de quince años de carrera y decidió apartar a su padre, Alejandro Stoessel, de la representación profesional. Lo que durante años pareció una sociedad familiar perfectamente aceitada hoy estaría atravesando una reorganización tan delicada que ni el mejor iluminador consigue disimular las grietas.
Según las versiones difundidas inicialmente en programas de espectáculos, la revisión contable habría revelado que Tini no figuraba como socia en las compañías encargadas de recaudar los ingresos generados por sus recitales, contratos publicitarios, derechos de imagen y colaboraciones. También trascendió que recién hace pocos meses habría obtenido acceso directo a una cuenta personal. La cifra que comenzó a circular es impactante: unos 70 millones de dólares. Conviene decirlo con todas las letras y sin tocar la corneta antes de tiempo: el monto proviene de informes periodísticos y todavía no fue respaldado públicamente con documentación judicial o contable.
El origen del patrimonio estaría en la carrera internacional que comenzó con Violetta y siguió con giras multitudinarias, discos, campañas y acuerdos comerciales. Alejandro no fue un padre mirando desde la platea: acompañó a Martina desde el comienzo, administró su carrera y se convirtió en una figura central de la estructura empresarial levantada alrededor de su nombre. Durante años fue representante, productor, consejero y custodio del negocio. El problema aparece cuando la hija crece, quiere las llaves de su propia caja y descubre que el organigrama familiar no era precisamente una cooperadora escolar.
En el relato televisivo también apareció Rodrigo De Paul. Luis Ventura sostuvo que el entorno económico del futbolista habría preguntado cuál era el verdadero patrimonio de Tini ante la posibilidad de firmar un acuerdo prenupcial. Esa consulta habría encendido las primeras alarmas. La versión afirma que la cantante tenía un límite mensual de 5.000 dólares en sus tarjetas y que De Paul la habría impulsado a averiguar qué bienes estaban efectivamente a su nombre. Dicho en elegante porteño: el amor es divino, pero cuando aparece un prenupcial hasta Cupido pide un balance certificado.
Alejandro Stoessel, sin embargo, negó que exista una guerra familiar y calificó buena parte de lo publicado como “mucho invento” y “malas interpretaciones”. Desde su entorno explicaron que la auditoría formaría parte de una transición normal para ordenar los bienes de Tini antes de su casamiento. No habría, según esa versión, una pelea judicial ni una ruptura personal definitiva. La cantante, por su parte, todavía no hizo un descargo público detallado. Por eso, entre una versión y la otra hay un océano de especulaciones donde la farándula ya entró con salvavidas, reposera y conservadora.
La historia también despertó comparaciones con Britney Spears y otros artistas que, al alcanzar la adultez, reclamaron el control de fortunas administradas originalmente por sus padres. Pero los casos no son jurídicamente iguales y, por ahora, no se conoce una denuncia penal presentada por Tini contra Alejandro. Un abogado consultado por Infobae analizó delitos que podrían configurarse solamente en caso de comprobarse ciertas maniobras; no afirmó que esos delitos efectivamente hayan ocurrido. No es lo mismo una sospecha televisiva que una sentencia: una cosa lleva graph y panelistas, la otra requiere pruebas.
Marcelo Tinelli, antiguo socio profesional de Alejandro y protagonista de un enfrentamiento que llegó a la Justicia, eligió esta vez bajar los decibeles. “Ojalá se solucionen todas las cosas entre padre e hija”, expresó, y definió como una de las experiencias “más tristes” tener problemas con un hijo. Cuando le preguntaron por las sociedades y el dinero, puso el freno de mano: “No voy a hablar del tema”. Sus hijas Cande y Mica, en cambio, recordaron el viejo conflicto de su padre con Stoessel y publicaron mensajes sobre “karma” y “justicia divina”. Como diría Moria, si querés llorar, llorá; pero si además hay 70 millones en discusión, primero llamá al contador.
Por ahora, no hay una culpabilidad probada ni una reconciliación anunciada: hay una auditoría reportada, una estructura empresarial bajo revisión y un vínculo familiar sometido a una exposición feroz. Porque el dinero no compra la felicidad, pero tiene una habilidad extraordinaria para sentar a toda la familia alrededor de una mesa y conseguir que nadie mire a nadie. Tini busca tomar el volante de la carrera que lleva su nombre; Alejandro asegura que no hubo desmanejo. Y en el medio queda una enseñanza bastante criolla: cuentas claras conservan la amistad; cuando se trata de padres e hijos, a veces también conservan el almuerzo del domingo.
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