
«La vida es eso que pasa mientras hacemos otros planes», dijo alguna vez John Lennon. Y qué verdad más brutal para Dylan Mortensen y Bethany Funke, las dos chicas que sobrevivieron de milagro a la masacre de sus compañeras en una casa de estudiantes en Moscow, Idaho. Era una noche como cualquier otra, hasta que el horror golpeó la puerta.
El 13 de noviembre de 2022 quedó marcado en la historia criminal de Estados Unidos. Cuatro estudiantes fueron brutalmente asesinados mientras dormían. Dylan y Bethany, las dos sobrevivientes, escucharon ruidos, voces y hasta vieron una silueta escalofriante: un hombre vestido de negro y enmascarado. La imagen de la muerte caminó a su lado y no las eligió.
Una noche que cambió todo
Dylan llegó a su casa compartida a las 2:20 de la mañana. Nada fuera de lo común. Xana, una de sus compañeras, había pedido comida. Kaylee jugaba con su perro en el piso de arriba. Todo normal, hasta que los ruidos extraños comenzaron. Pisadas, murmullos, el crujido de la madera. «Hay alguien aquí», llegó a escuchar Dylan. Pero en una casa llena de estudiantes, entre fiestas y noches largas, la frase no parecía una alerta.
A las 4:12 Xana estaba en TikTok. Cuatro minutos después, Dylan oyó un susurro: «Voy a ayudarte». Y luego, silencio absoluto.
Cuando finalmente se atrevió a abrir la puerta, la vio. La figura negra, flaca, alta, con cejas gruesas y un cuchillo en la mano. «La vida es un tango», dijo alguna vez Enrique Santos Discépolo. Y en ese instante, Dylan tuvo que bailarlo al filo de la muerte. Pero el asesino pasó de largo. No la miró, no la atacó. Salió por la puerta de la cocina y desapareció en la oscuridad.

El hallazgo macabro
Cuando el sol ya estaba alto, Dylan y Bethany se dieron cuenta de que nadie respondía sus mensajes. Llamaron a amigos para que fueran a la casa. Cuando entraron a la habitación de Xana, la encontraron en el piso, ensangrentada. «Llamen al 911», gritaron. La operadora recibió una llamada caótica: llantos, jadeos, terror. No entendía qué pasaba. La policía llegó minutos después y encontró la escena del crimen: sangre en las paredes, cuatro jóvenes sin vida y un misterio escalofriante.
La caza del asesino
Las pistas eran pocas, pero clave. Un auto blanco, un ADN en la funda del cuchillo, una ciudad entera paralizada por el miedo. La justicia tarda, pero llega, dice el dicho. El 29 de noviembre, un Hyundai Elantra 2015 en la vecina ciudad de Pullman llamó la atención. Pertenecía a Bryan Christopher Kohberger, un estudiante de criminología con una mirada fría y una mente perturbadora.
Hoy, la investigación sigue. La tragedia dejó una cicatriz imborrable en la ciudad de Moscow. «El hombre es bueno, pero si se lo vigila es mejor», decía Juan Domingo Perón. Quizá, si alguien hubiera mirado más de cerca a Kohberger antes, cuatro vidas seguirían su curso.

Dylan y Bethany viven con la imagen del asesino grabada en su memoria. La muerte estuvo ahí, pero por razones inexplicables, decidió seguir de largo.
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