
Por El Archivólogo
El cine argentino está de luto. Murió a los 88 años Juan Carlos Desanzo, el tipo que no venía a pedir aplauso sino a meter plano, foco y discusión. La noticia la confirmó DAC —Directores Argentinos Cinematográficos— y dejó ese silencio raro que solo se siente cuando la claqueta ya no suena.
Nacido el 15 de enero de 1938 en Buenos Aires, Desanzo fue de esos que aprendieron el oficio con olor a celuloide y mate frío en el set. Director, guionista, director de fotografía. Un laburante del cine. Como diría Luis Alberto Spinetta: “Mañana es mejor”. Y él filmaba creyendo eso, aunque el presupuesto dijera lo contrario.
Arrancó fuerte en los 80 con policiales filosos como El desquite y esa bomba oscura llamada En retirada.
En retirada no era solo un thriller político; era un espejo incómodo de la transición democrática. Una historia de traiciones, servicios, sombras largas y cuentas que nunca cierran. Dicen que en el rodaje, Desanzo repetía: “La tensión no se actúa, se respira”. Y hacía repetir tomas hasta que el silencio pesara más que los diálogos.
Ahí estaba su sello: atmósfera antes que grito. Clima antes que subrayado. Nada de subestimarte como espectador. Como decía Tato Bores: “¡Atención, atención!”. Bueno, Desanzo te obligaba a prestar atención sin anunciarlo.
Después vendría el salto grande: Eva Perón.
Con Esther Goris como Evita y Víctor Laplace como Perón. Estrenada en 1996, fue un misil cultural. No era una postal. Era una interpretación incómoda, intensa, política. Goris explotó mediáticamente después de ese papel. Ofertas políticas incluidas. Pero eligió seguir siendo actriz.
Desanzo entendía el peso del mito. Lo filmó sin estampita y sin miedo. Como diría Charly García: “Say no more”. La película hablaba sola.
En El polaquito, se metió con la marginalidad infantil sin maquillaje. Nada de romanticismo barato. Crudo, frontal. Ese era su pulso.
No filmaba para quedar bien. Filmaba porque creía que el cine tenía que incomodar. Como decía Diego Maradona alguna vez: “La pelota es redonda”. Bueno, el cine para Desanzo también: podía ir para cualquier lado, pero siempre tenía que rodar con verdad.

El 4 de febrero estuvo en el Anexo A de Diputados, junto al Espacio Audiovisual Nacional. Defendiendo el cine argentino. Cuestionando reformas que, según él, debilitaban la producción local.
Y dejó una frase con ironía quirúrgica: recordó que cuando filmó Eva Perón fue apoyado “fervientemente por la diputada peronista Patricia Bullrich”. Dardo político servido con sonrisa ladeada.
No se fue callado. Se fue militando el cine. Como decía Mercedes Sosa: “Cambia, todo cambia”. Y él sabía que el cine también
Cuentan técnicos que en una escena complicada de En retirada, un actor pidió suavizar el tono. Desanzo frenó el set y soltó: “No me filmes bonito, filmame honesto”.
No buscaba glamour. Buscaba verdad.
Esa frase —que hoy suena casi como manifiesto— resume su carrera.
El Veredicto de El Archivologo: Desanzo no fue un director de moda. Fue un director de oficio. De esos que te enseñan que la cámara no es un adorno sino una herramienta política, emocional y cultural.
No hizo cine para el algoritmo. Hizo cine para la memoria.
Y en un país donde todo parece descartable, dejar obra es un acto de resistencia.
Se fue un tipo que entendía que el cine argentino no es solo industria: es identidad.
Y eso, querido lector, no se retira jamás. 🎬