LA SCALONETA METIÓ OTRO CAMBIO Y QUEDÓ A UN PASITO DE CANTAR «PRIMERO YO»

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LA SCALONETA METIÓ OTRO CAMBIO Y QUEDÓ A UN PASITO DE CANTAR «PRIMERO YO»

Como dice mi tía Susana, «no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo», pero tampoco hacerse el distraído cuando la cosa viene linda. Y esta Selección 2026 viene linda, che. Viene con ese perfume de equipo serio, de esos que no se marean con los elogios y que cuando se comen un cachetazo, acomodan el jopo y siguen caminando.

Porque la Scaloneta ya se sacó de encima otro rival bravo. De esos que en los papeles parecen una cosa y en la cancha son otra. Austria fue más complicada que su nombre, pero Argentina hizo lo que hacen los equipos con chapa: entendió el partido y lo sacó adelante.

Y eso que la historia arrancó torcida. Porque cuando Messi erró el penal, más de uno habrá dicho «¡No me digas que hoy estamos meados por los perros!». Hubo unos minutos de zozobra, sí. Un ratito de esos donde uno mira para arriba y se acuerda de todos los santos. Pero esta Selección tiene algo que no se compra en el supermercado: tiene carácter.

Y como decía el viejo refrán futbolero, «el cementerio está lleno de equipos que jugaban lindo». Por eso Argentina entendió que había que ponerse el overol.

Scaloni metió mano, corrigió distancias y el equipo respondió. El mediocampo se juntó más con la defensa, Alexis Mac Allister levantó la puntería, Thiago Almada apareció como el pibe del barrio que se anima a pedirla cuando quema, Enzo Fernández siguió jugando como si tuviera un GPS incorporado y Lautaro Martínez dejó de ser un nueve de área para convertirse en socio de todos.

Hasta que apareció Él.

Porque siempre aparece.

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Cuando parecía que la pelota no quería entrar, cuando las ocasiones pasaban y la ansiedad empezaba a revolotear como mosca de verano, Lionel Messi se sacó la mufa con un golazo de aquellos.

Y explotó el estadio.

No era solamente el desahogo por el penal errado. Era la jugada, la calidad, el «acá estoy yo, muchachos». Porque Messi es eso. El tipo que te hace creer que la pelota tiene sentimientos.

Y la Selección jugó mejor que contra Argelia.

Mucho mejor.

Porque este equipo, lejos de dormirse en los laureles, sigue reinventándose. Lisandro Martínez, Medina, Thiago Almada y Lautaro aportan piernas frescas, movilidad y fútbol. Y cuando Argentina junta pases, mamita querida… ahí es cuando el rival empieza a ver fantasmas.

Mientras las tribunas se entretenían con las pantallas gigantes y las cámaras enfocaban al enorme Manu Ginóbili, y a la mujer que canta en todas las inauguraciones «Shakira» la Scaloneta seguía haciendo lo suyo. Sin fuegos artificiales. Sin necesidad de andar tirando manteca al techo.

Porque también supo sufrir.

Y ahí apareció el Dibu Martínez, que como decía mi abuelo, «cuando el rancho se incendia, el balde de agua vale oro». Tremenda volada para sacarle el tiro libre a Sabitzer y mantener la tranquilidad.

El final no fue una sinfonía de Mozart.

Fue más bien una partida de truco.

De esas donde uno tiene buenas cartas pero no se hace el guapo. Argentina entendió que no era noche de golear y administró la ventaja como esos almaceneros de antes que sabían hasta el último centavo que había en la caja.

Y cuando el partido se moría, apareció nuevamente el capitán.

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Un gol de esos que los goleadores llaman «de pescador», «de carambola», «de estar donde hay que estar». El 2 a 0 de Messi, quizá el más rebotero de toda su carrera, pero que valió oro.

Porque, muchachos, como decía el Polaco, «los goles feos también se abrazan».

EL VEREDICTO DEL ARCHIVÓLOGO

Como dice mi primo Claudio, esta Selección tiene algo que no se compra ni se aprende en un tutorial: tiene «códigos».

Y cuando un equipo tiene códigos, se nota. Se nota cuando uno se equivoca y aparece otro para darle una mano. Se nota cuando el que corre más es el que ya ganó todo. Se nota cuando nadie se hace el distraído y todos reman para el mismo lado.

Porque este partido tuvo algo especial.

Y sí, hay que decirlo. Messi se la bancó solito.

Y eso que, para los que miramos las cartas de vez en cuando y jugamos con esas energías misteriosas que tiene la vida, el Tarot había avisado que no era el partido de Leo. No porque estuviera mal, sino porque arrancaba con una energía gastada, como con el tanque medio vacío. Y se vio. El penal errado, algunas decisiones desacostumbradas, cierta pesadez. Y también porque uno sabe que no todo pasa por la pelota. Está el Mundial, claro. Pero también están las cosas de la vida, las preocupaciones y ese delicado momento de salud que atraviesa su padre. Porque al final, el mejor de todos también es un ser humano.

Pero ahí apareció el otro Messi.

Porque a la media hora cambió la cara. Se puso pillo. Empezó a pedirla. A hacer de las suyas. A juntar rivales. A levantar a sus compañeros. Y cuando el diez se enchufa, mamita querida…

La pelota empieza a obedecer.

Y terminó haciendo lo de siempre: pagar la entrada. Como decía el Coco Basile, «el tipo puede estar rengueando, despeinado o con un resfrío, pero en algún momento te vacuna».

Y la Scaloneta acompañó.

Porque esto no es Messi y diez más.

Acá hay una banda de muchachos que entendió el mensaje de Scaloni. Hay hambre. Hay humildad. Hay sacrificio. Y sobre todo hay algo que en el fútbol es más importante que las piernas: hay compañerismo.

Este equipo no juega para las cámaras. Juega para el de al lado.

Y por eso enamora.

Porque como reza el tango: «el que sabe sufrir, después disfruta el doble».

Todavía falta un montón, claro.

Hay que ir despacito por las piedras. No hay que agrandarse. Que después la FIFA te pasa factura y «del dicho al hecho hay un largo trecho».

Pero mientras tanto, disfrutemos.

Porque estos pibes, los veteranos y el capitán siguen demostrando que la gloria no los empachó.

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Y porque, al fin y al cabo, siguiendo con los dichos de mi primo Claudio mientras se toma un  Blue Label, mirando los partidos en camiseta y ojotas:

«Cuando hay códigos, cuando nadie se hace el vivo y cuando tenés al mejor de la historia… hermano, agarrate fuerte, porque estos muchachos todavía tienen nafta en el tanque y ganas de seguir haciendo historia». 🇦🇷⚽🏆

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