
Antes las historias terminaban con una charla incómoda. Hoy terminan con un visto. El ghosting no es cobardía solamente: es época. Relaciones rápidas, expectativas altas y paciencia en baja.
El problema no es que alguien desaparezca. El problema es lo que queda: la duda. Ese replay mental donde uno revisa mensajes como si fueran pruebas de un caso policial.

Las parejas actuales negocian presencia digital. No es romanticismo, es disponibilidad. Y cuando esa disponibilidad se corta, el vínculo entra en pausa sin aviso.
El amor sigue existiendo, claro. Pero ahora convive con el silencio como lenguaje.
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