
Por momentos, la vida te cachetea sin aviso. Y cuando el que aparece en la escena es Luis Brandoni, el ruido es otro. No es un actor más. Es de esos tipos que ya son parte del mobiliario emocional argentino, como el sifón en la mesa o el “¿qué querés que te diga?” después de una discusión.
El lunes arrancó con ese baldazo frío que nadie pidió: Brandoni internado en el Sanatorio Güemes. Veníamos de funciones suspendidas de “Quién es quién” en el Multitabaris por el problema de salud de Soledad Silveyra, y ahora el destino mete otro volantazo, como diciendo “pará un poco, maestro”.
Según tiró Ángel de Brito —que en este país es más rápido que el VAR—, el actor sufrió una caída en su casa tras un episodio que en un primer momento hizo ruido a ACV. Pero no. La cosa fue distinta: la caída derivó en un hematoma subdural, un coágulo cerebral que encendió todas las alarmas, pero sin consecuencias neurológicas graves hasta ahora. Traducción al castellano de café: fue bravo, pero no catastrófico.
Y ahí aparece el Brandoni de siempre. El que habla, el que recibe visitas, el que no se baja del escenario ni cuando el cuerpo le pasa factura. Porque a los 85 pirulos, el tipo sigue girando la calesita como si estuviera en plena temporada del ’85. “El que apuesta al dólar pierde”, decía otro en los ‘90… bueno, el que apostó a que Brandoni se retiraba, también.
Hace nada nomás estaba estrenando en Netflix “Parque Lezama”, junto a Eduardo Blanco, bajo la batuta de Juan José Campanella. Un combo que es puro ADN nacional. De esos que no necesitan marketing porque ya te venden la entrada con el apellido.
Lo que pasó es un sacudón, sí. Pero también un recordatorio: los ídolos no son de mármol. Son de carne, hueso y, a veces, de caídas inesperadas. Igual, si hay alguien que sabe volver de las malas, es Brandoni. Porque como diría la tribuna: “los de experiencia no se caen… se agachan para tomar envión”.
Ahora toca esperar, hacer fuerza —a la vieja usanza, con radio prendida y café recalentado— y confiar en que el telón se vuelva a levantar. Porque hay tipos que no deberían faltar nunca a la función. Y Brandoni, hermano… es uno de esos.