
En Loop TV, en ese bendito programa que ya desde el título avisa que algo va a descarrilar —Una Cosa de Locos, conducido por el Chino D’Angelo— se armó un quilombo hermoso. De esos que hacen que el control baje el volumen pero vos lo subas igual porque “esto se va a poner bueno”. Emily Ceco apareció vestida de therian, orejitas, cola y mirada de loba en Palermo un sábado a la tarde. Dijo, sin titubear, que estaba “en la escuela de ellos”. El Chino la miraba como si le hubieran cambiado el libreto en vivo. Juanchi Tauro la avaló con un “dejala ser, viejo” muy siglo XXI. Andresito Amores quiso acompañar con ternura militante. La única que no se metió fue Arami Callaba, que hizo la gran Mirtha: observó, pestañeó y dejó que el país debata.
¿Moda o identidad? Ahí está el hueso del asunto. Porque el término therian no es un filtro de TikTok ni una noche temática en un boliche de San Telmo. Viene de therianthrope: bestia y humano. Gente que no “actúa” de animal, sino que dice autopercibirse como uno. No es cosplay, no es hobby, no es un disfraz para la selfie. Es identidad. Eligen un teriotipo —lobo, zorro, perro, felino— y hablan de shifts, esos momentos en los que sienten que algo interno se acomoda a ese instinto. Algunos describen hasta “extremidades fantasma”, como si la cola estuviera ahí aunque no se vea. Y también mencionan la “disforia de especie”, ese malestar por habitar un cuerpo que no coincide del todo con lo que sienten ser.
En Buenos Aires, Rosario, San Juan, ya hubo encuentros en plazas. Cuatro patas, máscaras, collares, quadrobics —esa gimnasia de correr y saltar como animal— y mate de por medio, porque somos modernos pero tampoco tanto. Ahora bien, la mayoría estudia, trabaja, paga la SUBE y llega tarde como cualquiera. No viven en modo National Geographic permanente. Tienen horarios, responsabilidades y, en los ratos libres, La Manada.
El debate explotó porque el argentino es opinólogo por naturaleza. Como decía Maradona, “la pelota no se mancha”; bueno, la identidad tampoco debería. Pero claro, cuando algo se sale del molde, saltan las alarmas. Algunos lo ven como tendencia 2026, otros como expresión legítima. Estudios académicos recientes no lo encuadran automáticamente como trastorno, sino como identidad no convencional. Y ahí se arma el ring: ¿es búsqueda, es refugio, es pertenencia?

La diferencia con los furrys es clave. El furry crea una fursona, un personaje artístico, un juego estético. El therian no juega: sostiene que esa especie forma parte de su identidad interna. Puede usar máscara o cola, pero no depende del traje para sentirse quien es. Y ahí radica la polémica que desveló al Chino D’Angelo en vivo: no es carnaval, es autopercepción.
En el fondo, Argentina siempre fue tierra de personajes. Desde Tato Bores hasta Gasalla, desde “yo hago ravioles, ella hace ravioles” hasta “segurola y Habana 4310”. Nos encanta el teatro, la exageración, el gesto. Tal vez por eso nos desconcierta cuando alguien corre en cuatro patas en una plaza de Caballito: no sabemos si aplaudir o llamar al psicólogo. Pero como decía el Negro Olmedo, “éramos tan pobres…”, y sin embargo siempre encontramos una forma de reírnos de nosotros mismos.
¿Son una moda pasajera o una identidad que llegó para quedarse? El tiempo dirá. Mientras tanto, en Loop TV quedó claro que la discusión recién empieza. Y como decía el General, “la única verdad es la realidad”. La realidad es que están ahí, organizándose, hablando, existiendo. Y en esta ciudad que devora modas pero también fabrica mitologías, quizá los therians sean apenas otro capítulo de esa novela interminable que es Buenos Aires: mitad humano, mitad fábula.
DIUCKO DIGITAL RADIO EN VIVO