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¿POR QUE NOS CUESTA SOLTAR? x Rita Alvarez Pico 

Lo conocido nos da sensación de seguridad, de conocer el terreno y
creer que toda está bajo control. Nuestro cerebro busca lo familiar,
recreando un ambiente seguro.

Seguramente en los primeros tiempos
de la vida del hombre en la Tierra este requisito era indispensable
para sobrevivir, era cuestión de vida o muerte. Pero ya hemos dejado
atrás esos tiempos primitivos y aún hoy actuamos con la misma lógica
sin que sea necesario. Nos habituamos a las repeticiones que nos
aseguran certezas. Por eso elegimos una y otra vez los mismos
caminos, los mismos gustos de helados, pasamos las vacaciones en
lugares familiares, conocemos la misma clase de personas, nos
acostumbramos al mismo trabajo rutinario. Y creemos que una vez
que hemos elegido algo debemos sostenerlo para siempre. Nos han
educado bajo la premisa de lograr algo "estable". Nuestro ego
necesita sostenerse entre estructuras sólidas con poco o nulo margen
para las sorpresas.

No es sorprendente entonces, que nos aferremos tanto a lo conocido y
nos cueste tanto soltarlo. Así vamos construyendo trabajos que nos
aseguren un sueldo fijo mes a mes, con supuestas garantías de futuro.
las compañías de seguros son tan exitosas en nuestra sociedad
porque no han convencido de que más importante que disfrutar el
presente es asegurarnos el futuro. Y nos creímos ese cuento. Vivimos
hipotecando lo único seguro que tenemos que es el presente por un
imaginario futuro que por más previsiones que hagamos jamás está
asegurado en forma alguna. Y solamente cuando la vida nos da una
bofetada inesperada que nos saca de nuestra zona de confort nos
lamentamos por tanto tiempo perdido y suplicamos por una nueva
oportunidad.

Así vamos construyendo relaciones que nos aseguren que no nos
quedaremos solos en un futuro. No importa si el costo que tendremos
que pagar sea cultivar relaciones poco satisfactorias, que no suman,
que no nos permiten desplegar nuestro potencial o con las cuales,
sencillamente, no somos felices. De hecho, medimos tan mal la
importancia de las personas en nuestras vidas que las dimensionamos
en el tiempo que duran en lugar del aprendizaje que nos trajeron, los
momentos de amor que vivimos o el conocimiento de los misterios de
la vida que nos aportaron. Esto aplica a parejas, hijos, padres y
cualquier relación cercana en afecto.

Creo que lo primero que tendríamos que reconocer es a qué y a
quiénes nos sentimos tan apegados. Luego revisar a conciencia qué
sentimiento nos une a esa persona o situación porque muchas veces
confundimos amor con necesidad o cualquier otro sentimiento que
habla más de nosotros que del otro. ¿Amo a esa persona o en

realidad la necesito para no sentirme solo? ¿La amo o creo que sin
ella no podré ser feliz? ¿La amo o sostengo este vínculo porque creo
que no seré capaz de establecer otra relación porque nadie más se
fijaría en mí? ¿La amo o temo "perderla" y que alguien más ocupe
este lugar? ¿La amo o me resisto a admitir que me he equivocado y
no me atrevo a empezar nuevamente?¿Sostengo este trabajo porque
me hace feliz o solamente porque me asegura la supervivencia y
pagar mis gastos que parecen jamás dejar de acumularse? ¿Vivo en
este lugar porque me gusta o porque no encuentro otra opción? Esta y
mil otras preguntas podríamos hacernos con total honestidad porque
no hay mayor falta de amor que mentirnos a nosotros mismos.

Solo desmenuzando esta maraña de pensamientos y sentimientos
confusos podemos empezar a encontrar el nudo que todo lo enreda
Tenemos que encontrar en nosotros el sentido de soltar porque si solo
intentamos hacerlo porque hemos escuchado que es bueno hacerlo
pierde fuerza y se diluye. Si no comprendemos desde el corazón para
qué soltamos no tendrá propósito hacerlo y sufriremos mucho al
intentarlo. No se puede forzar, tiene que ser un propósito interno con
comprensión profunda de que lo hacemos por y para nosotros.

Soltar es abrir las manos para dejar ir lo que debe irse o incluso lo que
ya no está. Muchas veces queremos desesperadamente retener algo
o alguien que ni siquiera ya están pero lo sostenemos en nuestros
pensamientos con la falsa ilusión de que así siguen formando parte de
nuestra vida. Cargamos con un pasado que ya no existe pero aún
tiene el peso que le otorgamos con nuestra energía.

Se trata de dejar ir lo que ya no es para mí, lo que ya cumplió su ciclo en mi vida, lo que
ya no encaja. La naturaleza nos da muchos ejemplos de lo que es
soltar naturalmente: las serpientes que mudan su piel cuando ya está
vieja y gastada para darle paso a la regeneración de una nueva piel
más acorde, los árboles que en otoño dejan ir las hojas que ya no son
verdes para dar paso a las nuevas que florecerán a su debido tiempo,
las orugas que no se quedan encerradas en un capullo negándose a
transformarse en mariposas. La naturaleza, en su profunda sabiduría
sin lenguaje de palabras nos dice constantemente que debemos soltar
lo viejo y esperar tranquilamente a que lo nuevo aparezca para tomar
su lugar. Los seres humanos, en nuestra gran impaciencia y temor por
el futuro, no sabemos apreciar la maravilla de la espera de que está
llegando… ningún árbol se queda sin hojas por siempre.

Los humanos  nos hemos desconectado de lo natural y nos aferramos a lo conocido,
aun cuando ya no sirva, porque estamos aterrados de quedarnos con
las manos vacías. Es que no confiamos en la generosidad de la vida,
no confiamos ni siquiera en nuestra capacidad.

Soltar es una decisión que se hace desde la conciencia de saber que
jamás quedaremos vacíos. Y si nos animamos a hacer algo diferente,

algo que nunca hicimos no sería una interesante manera de empezar
a soltar?

Rita Alvarez Pico

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