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Hastío del aislamiento

Columna de opinión: Lic. Sonia Vázquez

Estamos viviendo tiempos extraños. No hay registros de una situación igual en la historia. Nuestra memoria no registra nada parecido. Encerrados, aislados, con miedo…

La sensación de haber apretado la tecla de pausa y tener la vida en espera.

A muchas semanas del comienzo del aislamiento, que se sienten como siglos, empezamos a experimentar fuertemente la nostalgia por nuestra vida, tal como la conocíamos. Extrañamos las salidas, el encuentro con amigos, el trabajo, el gimnasio, y aparecen síntomas que nos comienzan a preocupar: el descontrol de horarios, el hartazgo del mundo online, el desorden alimentario, los trastornos del sueño…

A estas alturas, establecimos la rutina de la “ no rutina”.

Cada uno de nosotros enfrenta la crisis con las características propias de su personalidad y de acuerdo a las circunstancias en las que estaba cuando comenzó el aislamiento. Así, quienes tenían problemas de pareja, los agudizaron al convivir 24/7, los que estaban en un círculo de violencia, padecen el recrudecimiento de la misma, quienes tenían algún tipo de adiccion, la incrementaron.

Si tomamos la clásica definición de salud mental, vemos que se refiere al bienestar bio, psico, social de la persona en su ecosistema.

Hasta aquí, hemos establecido pautas que resguardan primordialmente la salud física. Es importante que empecemos a pensar en la salud psíquica, que se está viendo severamente afectada en estos tiempos.

Descartemos las situaciones de patología previa, que como dijimos, obviamente se agudizarán. Pensemos que en este tiempo, tendremos que considerar “normales”, síntomas que serían considerados como patológicos fuera de este contexto.

Es un tiempo sin tiempos, donde la única certeza es la incertidumbre, donde perdimos lo más valioso que tenemos como seres humanos, nuestra libertad.

En esta línea de pensamiento, la angustia que todos estamos experimentando, es esperable. La angustia tiene mala prensa. A cualquiera de nosotros nos asusta su aparición. Sin embargo, si entendemos la angustia cómo lo que es, una señal de alarma que nos remite a pensar que algo está pasando y tenemos que descubrirlo para enfrentarlo y solucionarlo, la angustia es un factor necesario que nos permite actuar a tiempo y modificar lo que nos esté sucediendo. Es como la fiebre en nuestro cuerpo. Cuando aparece nos remite a buscar la infección y nos permite tratarla.

Por eso, en este tiempo que parece prolongarse, pensemos que la aparición de sensaciones como hastío, angustia, ansiedad, irritabilidad, escasísima tolerancia a la frustración, baja del deseo y la energía, van a ser una constante.

Esta permitido sentirse mal y es necesario aceptarlo. No vamos a poder evitarlo. Por tanto, hacerlos conscientes y entenderlos como esperables nos va a ayudar a sobrellevarlos. Esto nos convoca a un cambio de posición, es un llamado a la acción, a elegir: con esto que me está pasando, ¿que hago?

Lo importante es que esto sea una situación con la que aprenda a convivir mientras esto dure. Está permitido angustiarse y es saludable. Solo tendremos que chequear que sea un rato del día, algunos días, momentos pasajeros que empiezan y terminan.

Si esto se transforma en una constante a lo largo del día y se extiende en el tiempo, es necesario consultar con los especialistas.

Obviamente, todas las recomendaciones que hemos recibido son importantes: tratar de comer saludable, fijar nuestros horarios, darle un sentido al día con nuestras actividades, hacer alguna actividad física… pero es importante tener claro, para no asustarnos, que sentirnos mal, en este contexto, es esperable.

Lo peor que nos podría pasar es acostumbrarnos al aislamiento, porque estaríamos perdiendo lo más valioso que tenemos, nuestra libertad y nuestras emociones.
En este tiempo, está bien sentirse mal.

A no desanimarse y conectar con nuestros sentimientos, para aceptarlos y transformarlos en algo positivo. En términos actuales para ser rescilientes.

Claramente una pandemia es una situación de catástrofe pero si logramos detenernos un momento, conectar con nosotros mismos y avanzar, puede transformarse en una buena oportunidad de aprendizaje y crecimiento. No la desaprovechemos!

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